lunes, 31 de diciembre de 2012

Los berberechos

Recolectoras de berberechos en una playa irlandesa, hacia 1900. 
Fotografía de John J. Clarke conservada en la Biblioteca Nacional de Irlanda

Ya había dado por finalizado un libro de poemas con la cosecha del 2012, y a punto de acabar el año se me ha impuesto este otro, último compañero de los anteriores:


LOS BERBERECHOS

Como un cangrejo marchan hacia atrás las papilas
por el retrovisor del gusto,
por su estela, ese horizonte
tendido entre el ayer y el hoy;

estos berberechos son tan frescos
que recuerdan a aquellos antiguos
tomados en un puerto de Cornualles,
salobres bajo lluvia que caía
como un agua dispuesta a rescatarlos.

Su pequeño maremoto en la boca
trae olas de un lejano finisterre,
y con la punta de la lengua
beso a la que fuiste hace años
-diez, cien, mil-, contrabandista
            en aquellas costas
del tiempo.

No los mastico yo: ellos me engullen
como una marea que absorbe,
un remolino,
igual que a una sílaba el eco
en los dientes del aire.

Cabezas sin sus yelmos,
canos y rubios, blandos,
se aferran como lapas sin sus conchas
a la memoria,

como la amarra al muelle
o el reflejo acuático a las luces
sobre el puente,
y emocionadas,
líquidas titilan mientras las otras guardan,
altivas, la compostura.

Monedas de plata y oro,
dormían en el lecho.
Las recupero,
un tesoro en el cofre de la boca.

Delicadas boyas a flote en el sabor
de días más plenos, salvavidas
cuando todo se va a pique, como hoy.

Vía de agua contraria que detiene zozobras.

En el flujo y reflujo de los años,
esta pleamar, la de entonces.

2 comentarios:

Amando García Nuño dijo...

Para esos días que todo se va a pique, el retorno viene en forma de berberechos...
Bueno, aunque estén caros, un salvavidas así debe merecer la pena.
Evocador poema. Un abrazo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias, Armando. Feliz año.