sábado, 12 de enero de 2013

Mudéjares y mozárabes

Patio del palacio de los Marqueses de la Algaba, Sevilla, que alberga el Centro 
del Mudéjar recién inaugurado (fotografía del ICAS)


Hay todo un léxico de la arqueología y del arte del Medievo español que ornamenta el oído, y dan ganas de alicatar el artículo con sus azulejos: alfarjes, paños de arrocabe, almizates, piñas de mocárabes, pechinas, taujeles, capiteles de cardina… Son palabras que vienen a recibirnos cuando leemos sobre la noticia cultural del día en Sevilla.
Pero cuando hoy se abra el Centro del Mudéjar en el palacio de los Marqueses de la Algaba no solo se pondrá al servicio de los ciudadanos un gran patrimonio; también se brindarán lecciones de interpretación histórica y prospectiva política. Más allá de la acepción arquitectónica, el DRAE define así mudéjar: “Se dice del musulmán a quien se permitía seguir viviendo entre los vencedores cristianos sin mudar de religión, a cambio de un tributo.” Por su parte, mozárabe según la misma fuente “se dice del individuo de la población hispánica que, consentida por el derecho islámico como tributaria, vivió en la España musulmana hasta fines del siglo XI conservando su religión cristiana e incluso su organización eclesiástica y judicial.”
La situación de ambas comunidades pretéritas es apasionante y actualísima, si pensamos en la cada vez peor gobernada Cataluña, que vuelve a paso galopante a la Edad Media. Para mudéjar, el hijo de Pujol, que por muy catalán y novoestadista que se crea de Europa tiene el rostro –y muy duro, a tenor de lo revelado por este periódico– de visir de Bagdad, de un tal Iznogud que en el tebeo quería ser califa en lugar del califa, gerifalte catalán en lugar de español.
¿Qué va a hacer el quimérico Estado catalán, adalid de las purezas? ¿Va a expulsar a los moriscos, a los judíos, a todos los que no tengan limpieza de sangre o de ese músculo retráctil y también rojo, la lengua? Esas cosas estaban bien para el siglo XV, cuando España se completaba y avizoraba ya el ensanchamiento de América. Ahora, el estrechamiento catalanista, que solo se mira el ombligo…
Ya puestos a reconocer el derecho de autodeterminación, ¿qué va a hacer con esas bolsas de población no ya española sino musulmana? ¿Se reconocerá el derecho a aplicar la sharia en los barrios y localidades con gran presencia mahometana? ¿Se permitirá que abandonen el Estado catalán los municipios no nacionalistas? Si no, ¿se cobrarán esos tributos de los que habla la Historia a los nuevos mozárabes o mudéjares? Porque de tributos y diezmos, aunque sea la mordida del tres por ciento sobre la que tanto se ha publicado, parece ser experto el partido del señor Mas.

(El Mundo, edición de Sevilla, 12-1-13)

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