viernes, 18 de enero de 2013

Tocar los libros




Jesús Marchamalo es, aparte otras virtudes, uno de quienes mejor pregonan entre nosotros el mundo de los libros y las bibliotecas de los autores, tema al que ha dedicado varios y jugosos volúmenes. Ya por la tercera edición, este que acabo de leer fue originalmente una conferencia, y eso se nota en el estilo fresco y ameno y en las copiosas anécdotas que agavilla. No dudo que el público se lo pasaría estupendamente en el salón de actos, como hoy el lector en el silencio de su domicilio. Yo lo he leído de un tirón (cosa que no se puede decir de la novela que tengo entre manos, el Robespierre de García Sánchez, magnífico, pero cuya extensión puede ser treinta o cuarenta veces la de este "librín", como me ha escrito Jesús en la dedicatoria).
Nos habla Marchamalo de los donosos escrutinios, de libros que se deshojan en la lectura, del incendio del piso de Octavio Paz, con sus papeles y volúmenes (para mí los párrafos más conmovedores), de los fondos que reunió ese viejo amigo, Lawrence Sterne, en una hermosa aldea de Yorkshire. De las anotaciones o del horror a estas, de las esquinas dobladas y los billetes de metro dejados como marcapáginas. 
Por cierto, que entre las páginas del libro había un billete de cinco dólares, nuevo, que habrá dejado olvidado su autor. Lo guardo para invitarle un día en agradecimiento por la buena tarde que me ha proporcionado.