viernes, 15 de febrero de 2013

Claudio Magris y el Espíritu Santo


Claudio Magris


Vuelvo sobre la traducción y sus vicisitudes: ayer leía en el periódico en que colaboro un artículo del escritor italiano Claudio Magris acerca de la renuncia del papa y, oh milagro, como si el Espíritu Santo que ilumina al pontífice se hubiera posado también sobre él con su lengua de fuego, el texto se podía leer en perfecto español sin que en parte alguna se dijera que se trataba de traducción ni se ofreciera el nombre del traductor. Quizá fuera porque, como observó Walter Benjamin, «la verdadera traducción es transparente, no cubre el original, no le hace sombra».

2 comentarios:

HLO dijo...

Esto sí que es una traición a los traductores...
Yo no creo en la transparencia de las traducciones: hay un poso histórico y personal innegable en cada traducción; sólo hace falta alejarse un par de siglos para comprobarlo...

Alfredo J. Ramos dijo...

Sin duda fue el Espíritu Pentecostal, ART, que sopla donde y en la lengua que quiere.