domingo, 10 de febrero de 2013

De mal en peor. Un apunte sobre la traducción literaria



Como tantos, en la actual crisis económica (que no es solo eso, económica, pero para simplificar) los traductores están sufriendo recortes, mermas. Y no hablo solo de dinero, aunque muchas editoriales hayan reducido las ya de por sí bajas tarifas que abonaban. Lo último ataca no ya al bolsillo sino a la consideración pública.
El suplemento ABC Cultural, por ejemplo, ha dejado de incluir el nombre del traductor en la ficha de los libros que allí se reseñan. ¿Por razones de espacio? Bien es cierto que el número de páginas ha menguado, pero una línea por título en la que se consigne el nombre del traductor no es un adorno o un dato innecesario. La traducción literaria es precisamente lo que permite que ese libro escrito en otra lengua se haya editado en la nuestra, mereciendo el interés del crítico y de la publicación que lo acoge. Y si esto es cierto siempre, mucho más importante es reconocer la labor del traductor (o ponerla en tela de juicio cuando es mediocre o mala) en el caso de la poesía, donde hay siempre una recreación mayor del original, una responsabilidad mayor. Este sábado, por ejemplo, el citado suplemento daba reseña de un libro del poeta griego Yorgos Seferis. El crítico no se refería en ningún momento a las bondades o defectos (si los hubiere) de la traducción. Pase. Tal vez pensara que de todos modos el nombre del traductor aparecería debidamente consignado junto a los otros datos del libro, junto a la diminuta foto de la cubierta. Pero no fue así. No es ni será así mientras el suplemento no enmiende esa nueva directriz retrógrada ( literalmente, "que va atrás" en lo ya conquistado por los traductores y, sobre todo, por el derecho a conocer  que tiene el lector).
En fin, que no solo se hurta el dinero, sino la honra.
De todo esto y algunas otras cosas hablaremos en la mesa redonda que sobre la traducción literaria en España tendrá lugar en la Casa de los Poetas y Las Letras de Sevilla el próximo jueves 14 de febrero a las ocho de la tarde, en el Casino de la Exposición.
Por cierto, que el traductor del citado volumen, titulado Mythistórima, no es uno sino dos: los prestigiosos Selma Ancira y Francisco Segovia. 

2 comentarios:

ANTONIO SERRANO CUETO dijo...

Lamentable, Antonio. Si ya los traductores sufrían (sufríais) un injusto abandono, ahora toca, con la excusa de la crisis, el ostracismo. Sin embargo, muchos lectores seguiremos buscando en los créditos el nombre del que vierte, traslada o romancea una obra.
Un abrazo.

augustbecker dijo...

Son varias las razones del ninguneo del traductor. Próximamente se tratarán muy brevemente en:
http://antoniopriante.wordpress.com/