sábado, 9 de febrero de 2013

El retorno de los brujos

Moina Mathers, hermana de Bergson, ataviada con traje ritual de la Golden Dawn


Estos días, y hasta el domingo, como en una Feria de Abril adelantada, los sevillanos podemos ir al barrio de los Remedios a ver un circo que ya no se llama Mundial o Americano, sino Encuentros Esotéricos. En el Museo de Carruajes de la Plaza de Cuba hacen coro, cada cual con el chirriante son de su disciplina, brujos y videntes que no solo ofrecen sus tenderetes sino que también dan conferencias, asegura el prospecto que me han dado en la calle como si se tratara de una medicina contra la seriedad, una vitamina descacharrante.
            La mayoría de los charlatanes compartirán su saber de forma gratuita , aunque otros cobrarán entradas cuyos precios oscilan entre los 5 y los 20 euros. La entrada al redil es más barata. Sin embargo, como en el circo, hay bonificaciones: para los menores de catorce años acompañados la entrada es gratuita, como si de una ESO (térica) se tratara, para ir formando a los chavales en la aceptación sumisa de los astros, con la que les va a caer encima a los pobres.
            Naturalmente, lo que se pueda ver allí guarda la misma relación y escala con los saberes tradicionales que las pulgas de un chimpancé enjaulado con una familia de orangutanes en su jungla, pero menos da una piedra.
            El espiritismo, la astrología y todo el amplio linaje de las mancias es algo que siempre ha atraído a la humanidad. Solo en el siglo XX hay ejemplos notabilísimos, como en la misma Sevilla Fernando Villalón. La hermana de Bergson, a quien fue a oír a la Sorbona Antonio Machado, fue la primera iniciada en la orden de la Golden Dawn a la que perteneció el Nobel de Literatura Yeats. Y en el mismo ámbito de la poesía en lengua inglesa está el premio Pulitzer James Merrill (hijo del banquero que con Lynch creo un emporio financiero), el cual escribió miles y miles de versos en torno a sus sesiones de ouija y sus contactos con los seres que mediante esa técnica se le manifestaban, supongo que para llenar sus ratos de ocio, que eran todos, ya que vivía de la renta. En fin, los lectores de Pere Gimferrer se habrán preguntado quién fue el Julius Evola que aparece en uno de los cantos de su reciente libro: no es otro que un gran estudioso de la simbología tradicional y del esoterismo serio, discípulo del simbólogo René Guénon.
            Ahora bien, Evola y Guénon alertaron contra las formas degeneradas del esoterismo y sus pamplinas. Pero no hace falta leerlos a ellos. Ya se basta el programa de estos Encuentros, que lo cuenta con más gracia en un tríptico que parece todo él una errata.

(Publicado en la edición sevillana de El Mundo el 8-2-13)