lunes, 18 de febrero de 2013

Poetas traductores



El otro día participábamos en una mesa redonda sobre la traducción literaria y, como siempre suele suceder, fueron muchas las cosas que se quedaron en el tintero, a pesar de que no fue poco lo que se dijo. Yo llevaba muchas anotaciones, algunas de las cuales, ordenadas en dos o tres párrafos, componen la entrada de hoy:


Muchos poetas reúnen en forma de libro la colección de sus traducciones o versiones poéticas. En la literatura norteamericana lo han hecho, por ejemplo, Ezra Pound (en Cathay u Homenaje a Sexto Propercio, por no hablar de la liberalidad con la que hace resucitar a los provenzales en toda su primera obra), o Robert Lowell, cuyas Imitaciones se permiten (bueno, como Pound) numerosas licencias. James Wright, de quien estoy traduciendo ahora mismo un libro para Vaso Roto, hizo traducciones de Juan Ramón, Unamuno, Guillén, Neruda y otros.
         Charles Simic ha vertido a los poetas serbios, y en Gran Bretaña Ted Hughes las Metamorfosis de Ovidio o Seamus Heaney el ciclo de poemas en torno al rey loco irlandés Sweeney o la epopeya anglosajona Beowulf así como sendas versiones teatrales de Sófocles. En la francesa, Marguerite Yourcenar volvió la vista hacia los clásicos de la Antigüedad en La corona y la lira. Pero por ceñirnos a la escrita en nuestra lengua, están los casos de Alberto Girri (en diversos libros), José Emilio Pacheco (Aproximaciones), Eduardo Lizalde (Baja traición) o Rafael Cadenas (El taller de al lado. Traducciones) y el altísimo ejemplo de Octavio Paz, autor de Versiones y diversiones, que en su última edición recogida en Obra poética supera las quinientas páginas. 
         En España contamos con los ejemplos de Jorge Guillén en Homenaje, José Luis García Martín en El museo de Alejandría, Hilario Barrero en Lengua de madera o Leopoldo María Panero en Traducciones/Perversiones pero la nómina de poetas traductores es extensa y, aunque no hayan recogido ellos mismos sus versiones en volumen exento (sí a veces sus editores o estudiosos), va de Juan Ramón a Cernuda, de Muñoz Rojas a Joan Margarit, de Antonio Colinas a Aurora Luque o Jordi Doce. Son tan solo una muestra. Uno de los más destacados poetas de mi generación, José Antonio González Iglesias acaba de entregar una fresquísima traducción de la Poética de Horacio.
         "Pasión y casualidad pero también trabajo de carpintería, albañilería, relojería, jardinería, electricidad, plomería - en una palabra: industria verbal. La traducción poética exige el empleo de recursos análogos a los de la creación, sólo que en dirección distinta", escribió Octavio Paz, quien explica que sus traducciones "fueron, casi siempre, una diversión o, más exactamente, una recreación. El punto de partida fueron poemas escritos en otras lenguas; el de llegada, la tentativa de escribir, con ellos, poemas en la mía." 
         Algunos ejemplos de mis propias versiones, con una explicacción sobre su origen, se pueden leer aquí.