miércoles, 6 de febrero de 2013

Una resurrección



Nueva Revista (Madrid, 1929-1930), edición facsimilar con estudio introductorio de Gabriele Morelli, Renacimiento, Sevilla, 2012.


Solo seis números aparecieron de este periódico que ostentaba el subtítulo de Notación literaria (“algo pedante”, según reconoció años después Muñoz Rojas, uno de sus promotores). El primero de ellos vio la luz auroral en diciembre de 1929, y el último la violácea del ocaso en marzo de 1930.
Una sola hoja plegada en cuatro páginas de formato tabloide constituía el quincenal, en el que colaboraron además de los impulsores del mismo figuras destacadas de la Generación del 27 (José Bergamín, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, Luis Cernuda) y ese raro, Fernando Villalón, del que se da su último poema (“Audaces Fortuna juvat, timidosque repellit”), prometedor heraldo de un nuevo modo en su poesía cuyas posibilidades apuntadas segó la muerte, llorada en el sexto y último número de la revista. También colaboraron, junto a autores anteriores como Azorín, poetas de la siguiente generación como Leopoldo Panero (que se prodiga en cuatro de los seis números), José Antonio Muñoz Rojas y Luis Felipe Vivanco, a los que hay que unir a José Antonio Maravall, José Ramón Santeiro y una amplia y variada lista. Aunque no faltaban muchos años para el desastre de la Guerra Civil, aún estaba lejana la partición de los escritores en un bando u otro, y en las páginas de Nueva Revista, de carácter nada sectario y sí muy heterogéneo, vemos aparecer a futuros falangistas de primera hora ( es decir, camisas viejas) como José María Alfaro y Antonio Bouthelier y otros de turbulento aluvión –azul vuelto marrón por tanto fango acomodaticio– como Maravall o Panero, y de comunistas como Bergamín, Alberti, Serrano Plaja o Herrera Petere. Es curioso ver cómo Bouthelier al hablar de la tinta roja e una de sus colaboraciones se está refiriendo al marxismo, pero al hacerlo de la azul remite al romanticismo, pues todavía el azul mahón que él vestiría años después es un cromatismo político solo visible en una bola de cristal. En las notas en negrita que salpimientan las páginas se alaba a algunos (Unamuno) y se despacha a otros con afilados juicios. Así, se dice de Ernesto Giménez Caballero, empleando la forma utilizada por el autor de Niebla para referirse a los fascistas: “fajista indefinido e indefinible. Fracasado conductor de juventudes universitarias.” A pesar de que en varias ocasiones los colaboradores se pronuncian sobre el feminismo, solo una mujer comparece, y esta como ilustradora: Maruja Mallo. Lo que no es óbice para que se inserte alguna publicidad de una peluquería de señoras “Para peinados elegantes” junto a la de una caja registradora que, se asegura, “protegerá su dinero y le proporcionará el éxito.”
Combinó la creación con la crítica Nueva Revista, la prosa con el verso, los autores que ya estaban consagrándose con los estudiantes entusiastas que, novedosamente, pregonaban para su venta la publicación. Una de las ventajas de acceder a los textos de escritores que ya forman parte del canon en las revistas en que publicaron es verlos codearse con otros semidesconocidos, tantas veces cajas de sorpresas.
En el cuadernillo anexo a la carpeta en que se recoge la revista, Morelli muestra el contacto de los jóvenes redactores de la publicación con Juan Ramón Jiménez con motivo de la propia revista y de una antología de poesía que finalmente no se editó, y el encuentro con Luis Cernuda, con un retrato retrospectivo de José Antonio Muñoz Rojas. Analiza el contenido y subraya la importancia del cinematógrafo o del eco que tuvo en estas páginas una encuesta del diario el Sol. Es importante este trabajo de introductor, de guía con su linterna, para el más provechoso paseo del lector por entre páginas rescatadas de la oscuridad que tienen ya muchas décadas.
Es de justicia destacar finalmente –una vez más– la labor de recuperación de revistas en facsímiles que sigue realizando, con Abelardo Linares a la cabeza, la editorial Renacimiento, que permite que cualquier biblioteca personal se convierta en hemeroteca literaria, comunión de vivos y muertos. ¿O habrá que decir solo de vivos, resucitando tantos?

(Publicado en Astorica, 31, diciembre de 2012)