jueves, 7 de marzo de 2013

Sillas



Hay como algo de ominoso augurio en este ver a las gentes haciendo larga cola ante el despacho de sillas de la Semana Santa. Cae sobre la fila la lluvia, que se cuela entre los paraguas sin pedir la vez, con un murmullo que ni siquiera quiere ser excusa, por las bravas. Ojalá, pienso, los charcos no sean anticipado espejo de lo que se viene dentro de muy pocas semanas, y que lo que ahora contratan los calados viandantes no ostente -plegado y sin abrir, amontonado, o vacante bajo la procesión de las nubes- el indeseado barniz que con brocha gorda untan, groseros, los chaparrones de la primavera. 

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