sábado, 16 de marzo de 2013

Un dolor de muelas

El joven e e. cummings


En Zaragoza (la capital aragonesa, no la calle que va a la plaza Nueva), un dentista ha sido detenido tras arrancar un puente que había colocado a su paciente cuando esta se negó a abonar la cantidad que aquel le reclamaba y excedía lo presupuestado. Con tan cruenta acción la cabezonería del odontólogo se dio maña para ilustrar un chiste de baturros: una especie de “Chufla, chufla, como no te apartes tú” aplicado a los dientes y con colmillo retorcido.
            Me ha recordado la bárbara extracción a otra, esta feliz, que tuvo lugar en nuestra ciudad hace noventa y dos años. Tal día como hoy, el 15 de marzo de 1921, e. e. cummings, uno de los más grandes poetas norteamericanos (a pesar de sus voluntarias minúsculas), zarpó hacia Europa a bordo de un carguero portugués. Viajaba con el también escritor John Dos Passos, y tras atracar en Lisboa llegaron a Sevilla justo a tiempo de conocer la Feria de Abril.
            Naturalmente, dio cuenta a su familia del colorido que halló aquí: los coches de caballos, las atractivas muchachas con sus atuendos exotiquísimos, el baile en las casetas, el cante… Tampoco faltó la visita a la plaza de toros donde los dos yanquis en la corte del rey Gerión asistieron a sendas corridas. Pero el espectáculo sangriento tuvo su prólogo en otro, una muela infectada que le extrajo un dentista local, no sé si doctor en medicina o barbero sacamuelas. Una vez arrancada la pieza ulcerada, que desde Oporto le resultaba insoportable, cummings disfrutó de Sevilla, y el mozo americano tuvo trato incluso con alguna nativa en cierta mancebía, es de suponer que con las veinticinco libras que retiró de un banco usando la carta de crédito que portaba, tras dejarse invitar una y otra vez por Dos Passos.
Lidiaron esa semana El Gallo, Alcalareño y Chicuelo. También Belmonte, a quien un toro de Santa Coloma mandó a la enfermería el 19 de abril. Seguramente, no vieron a este nuestros visitantes, como tampoco la Pasarela, que se desmontó precisamente aquel año y no llegó a presidir, una vez más, la Feria.
       Aparte de hallarlo en la biografía que le compuso Chaves Nogales, a Belmonte el sevillano puede verlo hoy en los carteles de la temporada taurina. Yo por ejemplo, lo he encontrado con esa tez color tabaco suya en un bar muy céntrico. Justo donde estos días, después de implantarlo hace unos años, la Junta ha extraído a los sevillanos, como una muela que le dolía (pero a ella), el centro de salud de La Campana. También por una cuestión de presupuesto. Aún no la han detenido.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, 15-3-13)

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