sábado, 13 de abril de 2013

Damas de Hierro

El General Belgrano es evacuado mientras se va a pique


Sigue la juez Mercedes Alaya escribiendo la novela negra de la corrupción de los ERE. No le faltan villanos ni capítulos en ese extenso volumen que narra cómo algunos se lucraron con la desgracia de muchos. Con mano segura va levantando la mugrienta alfombra de este caso en que hay implicadas personas del poder socialista y sindical. Los laboristas, vamos, contra los que se empleó con denuedo esa permanente con señora incorporada: Margaret Thatcher, la Dama de Hierro.
Si la primera me resulta enigmáticamente simpática, no puedo sentir mayor rechazo por la segunda, contra la opinión general de articulistas de este periódico. Pero ambas coinciden en mi memoria hacia los dieciocho años, cuando estudiaba (por muy poco tiempo) Derecho en la antigua fábrica de tabacos. Ese curso, en octubre, vi cómo una chica de mi bisoña promoción, cara de porcelana y agraciada silueta, era entronizada como “borrega” por los veteranos, los futuros picapleitos, bastantes de ellos tunos y tunantes. Por los pasillos de la facultad pasearon a la joven Alaya en un sillón recio y regio. Luego, en abril y mayo, seguí hipnotizado la guerra de las Malvinas (nunca declarada) en la que Thatcher aceptaba el pulso de la Junta militar argentina. Para recuperar el archipiélago colonizado no dudó en hundir un buque que estaba fuera de la zona de exclusión señalada por los mismos británicos. La nave era el General Belgrano, y 323 hombres se ahogaron gracias al torpedo que ella bendijo (documentos desclasificados el año pasado levantan acta de todo esto).
Más que con Sara Montiel, que murió el lunes como ella, a Thatcher mi recuerdo la une a la afortunadamente viva y coleando Alaya. Pero mas allá de la cronología y de mis vivencias, y de la firmeza de ambas, las diferencias son enormes: la fallecida en el Ritz de Londres era amiga de ese apisonador de derechos que fue Pinochet, no hizo nada por atajar el terrorismo en Irlanda del Norte (el de los protestantes, que llegaron a ser más mortíferos aún que los del IRA), “disparó” en España (Gibraltar) y promovió privatizaciones ante cuyos beneficios (para unos pocos) palidecen las comisiones que aquí en el Prado de San Sebastián, a metros de donde fue paseada como novata, investiga Alaya.
(Permítanme recomendar la lectura de Viaje a la Antártida, novedad editorial del letrado y consejero del Betis León Lasa, donde narra una singladura comenzada en Ushuaia, de donde zarpó el Belgrano, y que recala en las Malvinas. Allí evoca aquellos combates australes.)

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 13-4-13)

1 comentario:

Jose Luis Fanjul dijo...

Sobre la jueza...
Esto de que muy pocos días antes de las últimas elecciones andaluzas hubiera reactivado y dinamizado todo el asunto de las ERES, no se, no se...
Mejor dicho: sí se.