sábado, 27 de abril de 2013

La mala cara


Cambridge, 2009 (foto de T. M. R-F.) 


Iba a dedicar la columna de esta semana al Día del Libro y a la apertura de algún nuevo establecimiento del ramo cuando el compañero Javier González-Cotta se marcó aquí un muy buen artículo sobre el tema.
Así pues, como el volumen que pensaba abrir no está ya intonso, hablaré de otra cosa aprovechando el fastidio de que se me adelantasen. Es decir, emplearé la mala cara para ocuparme de la que pongo cuando veo montar una bicicleta por la calle Tetuán durante el horario comercial, que allí se tasa de diez de la mañana a diez de la noche.
Lo de censurar con el gesto algo que no depende de un capricho, sino que está directamente prohibido, procede de la incapacidad municipal de hacer cumplir la norma. Sendos discos de prohibido circular bicicletas durante el lapso que fija el cajetín se hallan en los extremos de la calle. Pero como ninguno de aquellos es visible para quien no quiere verlos y algunas bocacalles carecen de discos hermanos, muchos ignoran las señales, ya sea por descuido ya por el deseo de saltarse la norma a la torera. Fernando Villalón, el ganadero de reses bravas que aspiraba a que las suyas tuvieran los ojos del color más alto del semáforo, escribió un poema en que parecía dirigirse a ese tipo de ciclista: “Que el aire que hiendes queda /asombrado de tu audacia”.
El ciclista contra el peatón en Tetuán o en Sierpes. Esta, ni en su lengua bífida de Entrecárceles ni en la punta de su cola en la Campana, como si fuera de cascabel, cuenta con señal de prohibido. Si la norma no se quiere aplicar, lo mejor es derogarla. Si por el contrario es de obligado cumplimiento, lo que hacen falta son más señales, agentes que la impongan y, si no, multas.
La bicicleta se debe favorecer, sí, salvo en sitios muy concurridos en los que molesta o es directamente peligrosa. En Ámsterdam, su capital mundial, en calles comerciales y peatonales como Leidsestraat o Kalverstraat hay que desmontar y llevarla del manillar. Y que se sepa no es una ciudad fascista.
Ave de pedales la llamó Muñoz Rojas, y Neruda la montó en una de sus odas. Pero algunos refrendan los versos de Jorge Guillén: “Por la calle se desliza / la pérfida bicicleta”.  Bicis y civismo. ¿Es que Sevici ha de estar reñida con una ideal Secivi?
No hace mucho abrió la librería Un Gato en Bicicleta, y la más reciente Birlibirloque, cuyo escaparate luce un ejemplar del Premio de la Crítica La bicicleta del panadero, de Juan Carlos Mestre, tiene una zona para dejarlo, el velocípedo, mientras se miran los libros.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 26-4-13)

2 comentarios:

Enrique López dijo...

Utilizo la bicicleta desde hace años,tantos, que llevábamos entonces un letrero colgado del manillar que decía: "Carril Bici Ya". Llegó, por fin, el espacio solicitado. Sigo utilizando éste medio de transporte y me saca de quicio ver cómo otros usuarios hacen caso omiso de indicaciones y señales de tráfico. Los mismos que no respetan la franja de paso de cebra que hay en el carril verde de las bicicletas. Esos usuarios arrogantes (más que conductores de vehículos de motor) que presumen de ecológicos y de mantener conductas de salud, pero que no respetan al peatón. Hace falta cumplir con las normas y hacer hincapié no sólo en que se utilicen cascos protectores, sino en que la legislación se cumpla. Pero si se opina así uno se está situando en una atalaya dictatorial y fascista, cosa que por supuesto no es. Muy bueno el ejemplo de Holanda. Sí,completamente de acuerdo contigo, Antonio.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Me alegran mucho el tono y el contenido de tu comentario, Enrique. Es obvio que mi escrito no va contra la bicicleta, sino contra el mal uso de ella que se da a veces. A la mañana siguiente de publicarlo vi a dos personas que caminaban juntas por Tetuán y llevaban de la mano sendas bicis: una imagen de urbanidad. Me dio ganas de abrazarlos o, al menos, de decirles ¡ole!