sábado, 4 de mayo de 2013

Aquilino Duque




Nunca fue acomodaticio, y desde hace varias décadas es una inteligencia molesta; es decir, muy necesaria. No levantaré ahora un censo de los escritores sevillanos, pero para mí que es el decano de todos nosotros, y ostenta el puesto, mal que a muchos les pese, en plenitud de forma mental y aun física.
            La semana entrante recibirá un homenaje organizado por Casa de los Poetas y la Fundación de Cultura Andaluza. Es de justicia. Si el gobierno de la Junta de Andalucía no confundiera churras con merinas (la ideología con la excelencia), ya tendría la medalla de oro de la región. Otra, diaria (o mejor vespertinamente), recibe sobre la torre de su casa aljarafeña: el sol que se pone en el occidente hacia esos Zufre e Higuera de su infancia tan hermosamente rediviva en su libros memorialísticos.
            Duque, sevillano de 1931, ha publicado novela, ensayo y poesía, además de traducción literaria, y todo lo ha hecho bien, con tino y con hondura. Cuando tuve posibilidad, reedité dos novelas suyas, El mono azul y Los consulados del más allá. Ojalá hubieran sido más.
Me recuerdo en el hotel en que Cernuda se alojaba en sus viajes a México leyendo entre sorbo y sorbo de una cerveza helada el manuscrito de la más reciente, Caza mayor, que luego publicó Abelardo Linares en Renacimiento. Una de aquellas tardes hablé con la viuda de Octavio Paz acerca de las cartas que su marido había recibido del autor de La realidad y el deseo. En la posdata de otra que Paz escribió en agosto de 1982 a Pere Gimferrer, el mexicano escribió: “Olvidé algo sobre lo que hacía tiempo quería hablarte. Más bien dicho, alguien: Aquilino Duque. Me visitó hace años en la India y, después de un silencio muy largo, empezó a escribirme y a enviarme sus artículos, algunos con citas mías. Ahora pasó por aquí y me visitó varias veces. Me contó que había sido amigo tuyo y que, aunque ya no se ven, su estimación hacia ti no había cambiado. Me contó también que tú te habías molestado con él porque en una novela suya había una sátira en contra mía (me conmovió doblemente, por tu gesto amistoso y por tu discreción –nunca me lo dijiste). Te confesaré que, a pesar de todo esto, Aquilino Duque me parece inteligente y que encuentro que sus juicios políticos y literarios son, casi siempre, acertados. Es apasionado pero no mezquino –creo. Ahora me ha dejado una colaboración para Vuelta que publicaremos en un número próximo. Pero el personaje me ha interesado y quisiera saber más de él."
En Sevilla podremos saberlo estos días.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 3-5-13)

4 comentarios:

Enrique García-Máiquez dijo...

Excelente artículo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias, Enrique. Abrazos.

Juan Pablo L. Torrillas dijo...

Estimado Antonio, grandes verdades las que apuntas. Tuve la fortuna de conocer a Don Aquilino en una conferencia en Madrid, incluso tengo su Piojo rojo por él mismo dedicado.

El tiempo hará justicia a una de las mentes más lucidas y brillantes con que contamos en la actualidad, a pesar de que muchos lo quieran condenar al ostracismo un día si y otro también.

Saludos cordiales.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muchas gracias por el comentario, Juan Pablo. La verdad es que será un lujazo asisitir a las jornadas de homenaje (merecidísimas) la próxima semana. Saludos cordiales.