lunes, 27 de mayo de 2013

Piedra rota






Es un nombre que recuerdo, a lo lejos, primeramente porque lo traían las ondas. Las de los programas de Radio Nacional de España en que colaboró, donde prestó un gran servicio como musicólogo. Luego lo conocí y aprecié como poeta, y como director de esa estupenda publicación, RevistAtlántica de Poesía, que como muchas de las mejores revistas españolas de finales del siglo XX y principios del XXI, han partido de Cádiz y su provincia como un galeón que, más allá de sus baluartes, busca el ultramar. Ahora lo traen otras ondas, las olas del océano, los paseos por la playa que le dieron un día la imagen de esa piedra rota del título de su más reciente libro.
Ganador de premios de poesía como el Rey Juan Carlos I, el Villa de Rota o el Tiflos, José Ramón Ripoll recogió sus libros más recientes, pulidos como las piedras en la arena o esta rota del título último en Hoy es niebla (2002). 
Piedra rota, que toma el título de un verso de T.S. Eliot perteneciente a "Los hombres huecos", lo componen un preludio y tres movimientos, y se trata de un poema unitario dividido en fragmentos (de títulos tentativos presentados en cursiva y entre paréntesis), en los que ese guijarro partido se hace trasunto del propio poeta, y este dialoga con él. El autor lo explica muy bien en ("Incisión"):

Piedra que has traspasado la memoria
de los océanos y ríos,
has llegado hasta aquí para anunciarme,
no tu largo viaje, 
sino mi rostro
grabado entre tu forma y argumento.

La musicalidad de este libro despojado de anécdotas y que va a lo esencial, es muy grande. Hay leit-motiven que se manifiestan una y otra vez, y un bucle como el que une los textos de las páginas 114 y 115: el primero acaba con el verso "en esta orilla abandonada.", y el siguiente se abre con "En esta orilla abandonada eres". En el tramo final habla y silencio se unen, se confunden hasta llegar a ese sin lenguaje de Paul Celan al que se ofrece un homenaje explícito.
Es un libro valiente Piedra rota, un largo poema al que podríamos calificar de ambicioso, pero podando del término todo lo que pueda tener de arrogante, como el mismo poema carece de sucesos, de accidentes. Aquí José Ramón Ripoll busca lo hondo. Y lo alcanza. 


2 comentarios:

Unknown dijo...

Gracias por tus palabras, generosas y alentadoras para mi. Un fuerte abrazo

Isidro Hernández dijo...

Hermosos versos, sin duda.