jueves, 16 de mayo de 2013

Una dedicatoria



Parece obsceno reproducir la dedicatoria que le hacen a uno en un libro. Pero como se trata de la que hace un personaje, mezclando las bromas con las veras, y en un libro al que le vendrá bien la promoción, aquí la dejo. Al parecer, y en la novela de este Palacio Rojo que escribe muy bien, un tal Bernardo quería endilgarme un manuscrito en mi anterior avatar como editor. Y el personaje, que algo sabe de la tradición gaélica, ideó estas líneas a modo de zalamera dedicatoria para persuadirme:

No le sobrecoge la noble noche del norte. Adivina que, en esa sombra del día, el espejo roto del sueño degüella la vigilia. Y adivina que fueron primero los colores y luego las preguntas. Todos los idiomas son el sacudir de la carne cansada, pero fue el inglés el nacido en más sueños. Él escribe dream, pero sueña aisling. Y un viento le llega hasta el alma. 

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