viernes, 21 de junio de 2013

Caliente, caliente



En los últimos meses ha quedado uno finalista de varios premios de poesía y de novela. Ni lo pregona como un triunfo ni lo lamenta como una humillación. Son cosas que suceden cuando se está en esto y, por allegar unos euros y conseguir una buena publicación, se envían libros a ver qué pasa. Y lo que pasa es que quedan en un tris de llevarse la bolsa y el contrato de edición, pero ya llegará el momento, al menos de lo segundo. Uno se va acercando: caliente, caliente...
Gabriel Zaid escribía recientemente, a cuenta del últimamente desprestigiado Premio Xavier Villaurrutia: "No haber ganado un premio no es un deshonor. Hasta puede ser un honor, cuando se sabe quién fue el ganador." Donde uno ha participado, salvo en un caso, no podría suscribir la segunda cláusula de Zaid. Su primera frase es, por el contrario, aplicable siempre.

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