viernes, 7 de junio de 2013

Formas del desasosiego




El mismo día que se iba Esther Williams, la sirena famosa de las películas, presentaba Marina Perezagua su libro de relatos Leche en Sevilla. En La Mercería, el café cultural que ha abierto este año en la ciudad justo al lado de donde hace dos presentó la autora su primer libro, compareció un inusualmente numeroso grupo de personas para escuchar a Marina y a sus presentadores. De propina, Iván Vergara mostró en primicia un vídeo en que la escritora ofrece alguna de las claves de su creación en Nueva York, donde reside.
Como Williams, Perezagua nada. En realidad, más que el título de Carmen Laforet, bucea. Practica la apnea (ese sumergirse sin más oxígeno que el de los pulmones), y para aguantar más necesita no moverse, no pensar. Dice que es como su yoga. En un relato de este libro inquietante se dice que el verdadero canto de las sirenas es el silencio. Del del pensamiento, de su tabula rasa, surgen luego a la luz estos cuentos que, como muy bien señaló Fernando Iwasaki en su intervención, son una monografía del dolor, el tema que recorre de principio a fin el volumen. 
Es una obra mayor esta de Marina Perezagua. Exige mucho del lector y da mucho a cambio. Me ha recordado en sus amores bizarros, en sus ambientes de pesadilla, en su inimaginable imaginación, a Angela Carter y al primer Ian McEwan, el de The Cement Garden. Aquí, el que cuida es también verdugo ("El piloto), la víctima el hiriente ("Aniversario"). Incluso, en un inteligente bucle, el último relato ("Leche") trae al pueblo que sufrió lo indecible en el primero ("Little Boy") como torturador.
Es un libro durísimo y, también, absolutamente recomendable. Literatura como la que más, y más que literatura.



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