lunes, 3 de junio de 2013

Homenaje y anécdotas


Andreu Nin

Supongo que todo aquel que es asesinado de forma tan vil como lo fue Andreu Nin, secretario político del POUM, merece un homenaje. Me pregunto sin embargo si el revolucionario hubiera deseado el que le van a dar ahora, dentro de dos semanas en el Parlamento de Cataluña, toda vez que el parlamentarismo "pequeño-burgués", cuanto no fuera una alianza de trabajadores, era cosa que repugnaba al marxista-leninista como se puede leer en sus escritos que cesan días antes de que lo apiolaran los comunistas con obediencia a Stalin. Puestos a rendirle tributo, mejor lo de la bibiloteca barcelonesa que lleva su nombre en el Barrio Gótico: a fin de cuentas, Nin hizo una muy importante labor de obras de escritores rusos.
Nin, "buen conversador (...) pero sin charme, ni carisma", según Víctor Alba, contaba anécdotas como las que recogió este en Sísifo y su tiempo. Memorias de un cabreado (1916-1996). Las más divertidas me parecen estas:

Otro día, Nin, joven y con el cabello ensortijado, baja a los lavabos de la Plaza de la Universidad; le sigue un hombre, y Nin, creyendo que es un pistolero, saca el revólver, y el hombre le grita asustado: "No hombre, no, que sólo soy un maricón."


Años más tarde, cuando ya trabaja en la Profintern, lo mandan a Italia para poner orden en las rivalidades del partido comunista italiano; viaja en primera, en un compartimento donde va también un jerarca fascista, con su camisa negra; cuando la policía pide los papeles, el jerarca se enfurece. "Venís a molestarnos aquí, mientras que en el tren debe haber media docena de agentes comunistas", y continúa su conversación con Nin.

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