sábado, 15 de junio de 2013

Señales de humo




Días después de haberse dictado sentencia contra el sujeto (ojalá lo hubiera estado antes de hacerlo) que pretendía hacer saltar con los vecinos dentro el edificio en que vivía en el barrio de Las Naciones, confundido con un castillo de fuegos artificiales, se producía en el Arenal el lanzamiento de un cóctel molotov contra una tienda de banderas y artículos de militaria, al que vino a acompañar alguna pintada con la hoz y el martillo. Está muy bien que se firme con esas herramientas rojas de incendio y sangre, y ya de moho y óxido pese al repunte de IU (es verdad que, ya que estamos hablando de ferretería y fogosidades, la gente se agarra a un clavo ardiendo). En un ejercicio aplicado de memoria histórica, la rúbrica viene a recordar otras quemas,
¿Qué harías tú en un ataque preventivo de la URSS?, cantaba el pop de los ochenta. El antifascismo local se adelantó así, venganza agorera, unos días a la pelea entre cabezas rapadas de diferente signo político que en París tuvieron un encontronazo cuando iban a comprar polos de una marca conocida. Al final, el pobre chico al que mató un mastuerzo filonazi murió por una cuestión de algo tan capitalista y del sistema, contra lo que trinan ambas banderías, como el shopping.
En la tienda de la calle Adriano venden polos también, y camisetas, con un lema rancio que tiene hasta gracia con su patriotismo que se hace chovinista: “Al servicio de usted y de España”. En el Servicio Andaluz de Salud está igualmente la cosa que arde. Lo último (de momento) ha sido el enfermo que en el Hospital Macarena ha querido quemar a un médico rociándolo con líquido inflamable. Al parecer, luego quería inmolarse a lo bonzo.
No solo es cuestión de pirados (tengo que consultar en el Corominas la etimología de esta voz que suena ígnea). Estamos siempre en ascuas y la sociedad anda con los pelos de punta, como una cresta de llamarada, un ardiente copete, y lo insólito es que no haya más incendios intencionados. Estos reseñados arriba deberían hacernos reflexionar; a fin de cuentas, las llamas envían, con su sintaxis danzarina y su morfología no siempre fácil de interpretar, señales de humo. Con más educación y respeto habría menos necesidad de agua y extintores. 
Por contra, y como consuelo, fue bonito ver cómo los bomberos rescataban también esta semana a un pollo de cigüeña herido que habitaba la alta chimenea de las Atarazanas, ese cerillo sin fósforo que rasca al aire. Luego hubo que sacrificarlo porque no tenía arreglo. Como algunos humanos. 

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 14-6-13)

No hay comentarios: