miércoles, 31 de julio de 2013

Dos días en Málaga




En el tramo final del viaje, donde la autovía se bifurca hacia el sur, pusimos un disco suyo en el coche. Luego, en la habitación del hotel, muy cerca de donde vivió Moreno Villa y desde la que se veía la torre terminada de la catedral de Málaga (la mocha, por vergüenza de su condición, bajaba la cabeza), me enteré al conectarme a internet que había muerto. Eché las cuentas, y vi que el despacho de agencias era exactamente de cuatro horas antes, es decir, del momento en el que ya en la ciudad, y terminado el disco, apagué el equipo de sonido. Uno no es mucho de Eric Clapton y J. J. Cale (muy buenos músicos de lo suyo), pero me causó repelús saber que el segundo acababa de morir de un ataque al corazón. 
       También en el curso de nuestra estancia en la "ciudad del paraíso" murió allí el catedrático de Literatura Española Cristóbal Cuevas, especialista en el Siglo de Oro pero también en Emilio Prados. Con todo, la excursión no quedó marcada por lo luctuoso, sino por lo musical y lo gastronómico, más lo pictórico con generosos toques de antropología.
       Manzanilla, el nuevo bar-restaurante de Dani García que ha venido a sustituir a La Moraga, está bien, muy bien, pero tampoco es para lanzar cohetes. Me gustaba más el antiguo concepto. No sé si la otra sucursal neoyorquina de Park Avenue, por la que caminamos cerca un par de veces hace unos meses pero sin animarnos a dar el paso, tendrá éxito. Esta, bien es verdad que era un sábado de julio al mediodía, no estaba particularmente concurrida. La carta, la confección de la misma, deja mucho que desear, llena de errores de ortografía y gramaticales, tanto en inglés como español. Un botón de muestra, la Burguer Bull (sic, que sin embargo estaba exquisita).



       Al concierto de Mar Knopfler le pasó algo parecido; creo que en muchos aspectos, aunque irreprochable, fue inferior al de Córdoba en 2010. Si bien hervían las gradas de la plaza de toros cordobesa en aquella ocasión, las localidades eran más amplias. Estas de la Malagueta parecían más conservadoras, quiero decir que semejábamos sardinas en lata. De lo cual nos vengamos al día siguiente en el Palo (cómo no recordar a Cernuda bañándose a solo unos metros y unas décadas) tomándonos unos excelentes espetos de sardinas. Teresa tomó algunas fotos que dan testimonio del terral y del ambiente de los merenderos (palabra mil veces más hermosa que chiringuito).







       La cabra tira al monte: uno, a las Tierras Altas o al Ben Bulben. Con lo que más disfruté (objetivamente creo que es lo mejor) fue con los sendos temas de Cal y Local Hero. Escuchar las uilleann pipes tan bien interpretadas por Michael MacGoldrick, en el primero y apenas empezar el concierto, me hizo olvidar todas la incomodidades. 
       El nuevo Museo Carmen Thysen nos gustó, con su colección de pintura andaluza y la variopinta fauna de bandoleros, toreros, curas y tipos y fiestas populares. Completamos la visita con la exposición dedicada a Julio Romero de Torres. Ya a la entrada de la sala, una obra magnífica tanto por su psicología como por su ejecución: Mal de amores.



1 comentario:

Sara dijo...

Teresa's gaze behind the camera is just wonderful :)