sábado, 13 de julio de 2013

El hilo y la "Madeja"




James Boswell pintado por George Willison en 1765



Se dilucida estos días en Almería si las parejas de unos cargos o cargas públicas de la Diputación viajaron a costa del contribuyente a Edimburgo. En la de Sevilla también se investigan ahora turbulencias en su organismo de recaudación, y para no salir de la provincia una operación policial ha registrado inmuebles en Guillena y Salteras, además de en la capital, en relación con un posible cohecho. Se trata de hacer patria, aunque sea chica. La Merca Sevilla contra la Marca España. Porque en el ámbito nacional tampoco faltan los escándalos que atañen al partido opuesto. Y en un ámbito intermedio, en Andalucía, el bochorno de los ERE tampoco es mango, quiero decir manco.
            Precisamente en Edimburgo James Boswell, biógrafo del creador del primer diccionario de la lengua inglesa, Samuel Johnson, en un libro en que narraba un periplo del lexicógrafo por aquellas tierras en 1773 se hacía eco de una opinión coincidente con otra del sabio. Esto pensaba el arzobispo de York: “En tiempos los partidos poseían un “principio” que les era propio, tal vez absurdo e indefendible, pero que aún acarreaba cierta noción de “deber”, por el cual los espíritus honrados pueden ser fácilmente atraídos. Pero hoy son combinaciones de individuos que, en vez de ser hijos y siervos de la comunidad, se alían para promover sus intereses privados”. Con todas las excepciones que se quiera, esto es así, y teniendo en cuenta que la frase fue escrita hace ya dos siglos y medio se ve que no hemos avanzado.
            Se habla muy a menudo de la necesidad de regeneración de los partidos. Más bien habría que urgir a la reinvención de la democracia. Aun concediendo el beneficio de la duda a los primeros, es evidente que se les arrima todo tipo de rateros. Además, el motivo de su existencia (la solución de los problemas) pasa a un segundo plano ante su lucha entre bandas. ¿Por el botín? Si no dinero, roban tiempo y energías que deben solo a la ciudadanía, y siempre parecen a punto de llegar a las manos, cuando no las meten en la caja.
            Es casi un género literario el dar nombre a las operaciones policiales. Este de la operación Madeja está muy bien puesto, tanto por el lema de la ciudad de Sevilla como por lo de tirar del hilo. Tirando, tirando, la jueza va a dejar desnudo a más de uno. Por culpa de los que codician el lujo logrado con el esfuerzo ajeno, la democracia, pobre utilitario, está gripada, y hay que llevarla al taller. Qué cochazos se ven a los “malos”. Contra sus Audis y Mercedes, auditores y alayas.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 12-7-2013)


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