viernes, 19 de julio de 2013

Erratas, gazapos



Ayer mismo dejaba en Facebook un exabrupto sobre el nombre de una exposición que se va a celebrar en Sevilla cuyo título en latín me pareció que estaba mal declinado. Menos mal que vino enseguida a sacarme de mi error el helenista y poeta Juan Manuel Macías, que mediante un mensaje privado me advirtió de que, siendo la primera palabra neutra, la forma del adjetivo que a mí me parecía un desbarre concordaba cabal y obedientemente con su sustantivo; su desinencia disentía, por el contrario, de mi injustificado brote de cólera y de soberbia (zapatero a tus zapatos: la poca morfología de la que uno puede ya estar seguro es la que aparece en la gramática de antiguo irlandés de Thurneysen). Tiempo me faltó para regresar al lugar del crimen lingüístico y borrar la pifia. 
     Luego, por la tarde, leyendo el número de Litoral dedicado a Luis Alberto de Cuenca del que hablaba aquí ayer, encontré este simpático párrafo en un artículo de mi admirado Jesús Marchamalo, en el que una más se suma, por descuido o, ya digo, simpatía, al elevado número de erratas que consigna en una lista de ediciones presentes en la biblioteca de L. A.: "Poeta en Nueva York, de Larca, en la edición Norton; Paradiso, de Lezama, en la mítica de la UNEAC, con sus 798 erratas". 
     Y en El Cultural de hoy, el meticuloso Ricardo Senabre, de quien siempre leo con una sonrisa y no obstante cara de escolar aplicado el último párrafo de sus reseñas dedicado a los tirones de orejas, comete uno de esos gazapos o impropiedades que tan a menudo critica. Para mí que este en el que ahora incurre ya lo ha denunciado alguna vez en texto ajeno. El caso es que me choca enormemente ese "plagado" en el entresacado o llamada: "Todo esto está bien contado, plagado de pequeños sucesos y anécdotas que brillan con el relieve que les proporciona la fuerza del recuerdo". Me froto los ojos y voy al texto de la reseña por si la elección de la palabra "plagado" (por "lleno", "repleto") ha sido de un redactor del suplemento, y no del propio Senabre. Pero el desliz es suyo: está en la tercera columna. El Diccionario de la Real Academia Española establece que "plagar", sobre una arcaica acepción de "ulcerar, llagar", significa "llenar o cubrir a alguien o algo de una cosa generalmente nociva o no conveniente." Y que el adjetivo "plagado" significa "herido o castigado". No es eso lo que ha querido decir en su frase laudatoria, ¿verdad? También yerra Senabre, a quien se le podría aplicar cariñosamente el coscorrón postrero de casi toda crítica suya, como esta de la novela Los adelantados, de Rafael Sender. "Pequeñas erosiones, sí, pero evitables" son las últimas palabras de la recensión. Pues eso, aplíqueselas con humor y autocrítica Senabre. Pero bueno -y a ver si ahora declino bien-: Aliquando bonus dormitat Homerus.


2 comentarios:

HLO dijo...

Ay, todavía me duele el coscorrón telefónico de usía por lo mal mecanografiado que estaba mi Poseidón...

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Muy merecido, por cierto. Pero como hay que hacerlo, en privado y exigiendo a quien puede dar más de sí. Un manuscrito pulcro allana muchos caminos, y tú los mereces expeditos.