lunes, 2 de septiembre de 2013

Gozne y nieve




Gira el gozne del blog para volver a abrir la puerta. Esta es la segunda entrada del año (si los años los medimos por cursos, siempre a horcajadas de dos), y es mucho lo que se agolpa, vivido estas semanas pasadas. Irán compareciendo aquí comanterios a lecturas, impresiones, reseñas, notas de viaje, noticias del brujuleo literario. 
     Qué bien sienta frecuentar menos la pantalla, prestar más atención a los amigos de carne y hueso, junto a un café o una cerveza. Con Juan Lamillar y Alejandro Duque Amusco -a quien no conocía personalmente a pesar de haber hablado con él algunas veces por teléfono y haber cruzado algunos mensajes electrónicos- estuve hace un par de semanas en un encuentro que se nos hizo corto. A casa me traje, de sus manos y su generosidad, un ejemplar de A la ilsuión final, su más reciente poemario publicado. Gusta ver, cuando se leen cosas de los amigos, puntos de coincidencia, afinidades. Como este poema de Alejandro inspirado en una de esas películas maravillosas a las que se vuelve una y otra vez, sino en la pantalla en el recuerdo:



                                          NIEVE


Joyce, Huston: Los muertos

Como emisario de un país remoto
llega la nieve de improviso,

si se sabe escuchar es un sollozo blanco
que recuerda a las lágrimas.

Cae o llora la nieve sobre las calles y las plazas,
sobre el mudo esqueleto de los árboles

y un manto de serena blancura deja allá, en las afueras,
en la apartada paz del cementerio,

sobre el lecho de los que eternamente yacen
ajenos a estos copos, en otra nieve intemporal fundidos.

La nieve es silenciosa, no pregunta,
sabe a las sedas blancas del olvido,

y es el abrazo frío que disuelve,
en unidad completa,

la espera de los muertos,
la espera de los vivos,

el ayer y el futuro ―ambos igual de níveos.

Más piadosa que el mundo,
cae la noche desierta de la nieve.

Los muertos velan en tan blanca paz.
Más allá de la muerte está nevando.


Alejandro Duque Amusco


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