sábado, 7 de septiembre de 2013

Peregrinos en Santiago


Fotografía de T. M. R-F., agosto de 2013



En la rúa principal de Melide, que es decir en una de las estaciones del Camino de Santiago, la pulpería Ezequiel acompaña los cafés e infusiones con sobres de azúcar en los que figuran imágenes de monumentos señalados del mundo. El que pintaba el mío, con el que endulcé un café muy necesario tras dar cuenta de media tonelada de cefalópodos y quedar aún por delante unas leguas para finalizar la etapa, era la Giralda, hito particularmente idóneo, por la esbeltez de la torre, para ser representado en un rulillo alargado.
Pero la presencia sevillana en el peregrinaje este verano ha sido mucho más que esa. Por la misa de peregrinos, una vez recibida la Compostela, supimos que la víspera habían cumplido viaje ante el apóstol un grupo de Estepa y varias otras personas de Sevilla. Y como quiera que no se columpió el botafumeiro sobre las naves laterales que unen la puerta de Azabacherías con la de Platerías, regresamos a la ceremonia de la tarde, donde otra vez oímos cómo habían llegado a Santiago otros paisanos nuestros. No es de extrañar, pues el número de peregrinos ha sido muy alto este año, pese a no ser Xacobeo. Seguro que el lector tiene a mano ejemplos de familiares, amigos o conocidos que la semana pasada, o la otra, o unas más allá, han hecho el Camino, ya sea desde aquí mismo, a lo largo de la Vía de la Plata, ya por el Camino francés o el portugués, aunque sean solo los últimos cien kilómetros requeridos para obtener la acreditación.
            En una de las aldeas, tras pasar por un corral en que amistaban vacas y gallinas bajo la presidencia, ausente el toro, del señor gallo, el altavoz de un bar propagaba sones rocieros, como si en vez de arribar a Arzúa lo estuviésemos haciendo a la aldea almonteña. Presencias menos gratas fueron los grafiti que algún vecino de Gelves ha ido dejando en paredes, así como alguna otra pintada relativa a Lopera (sí, el expresidente verdiblanco) y a la querella entre béticos y sevillistas, que parecía, a lo visto, más enconada que la habida entre cristianos y mahometanos en la batalla de Clavijo en la que supuestamente intervino el santo, recibiendo el apodo y aún la representación de “Matamoros”.
            Decenas de miles de personas hacen cada año el Camino, a las que habría que sumar esos tres o cuatro animales de por aquí que han marcado el hierro de su ganadería, la misma que ellos llevarán bajo las astas, en muros de granito o mampostería que maldita la necesidad que tenían de emborronarse.
            Que en su misericordia los perdone el apóstol.

(El Mundo, edición Sevilla, 6-9-13)

2 comentarios:

Sara dijo...

Sin desperdicio, Sr Rivero Taravillo.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Me alegra verte por aquí, Sara.