jueves, 3 de octubre de 2013

Cernuda en la Argentina. Una nota




Como otros miembros de la Generación del 27, cuando vivía en Madrid Luis Cernuda trató al argentino Ricardo E. Molinari, quien frecuentó la Residencia de Estudiantes en la primera mitad de 1933. Y a su regreso a la Argentina, Molinari envío a Cernuda alguno de los tres libros que Jorge M. Furt había publicado sobre la literatura gauchesca. El 22 de diciembre de ese año Cernuda se lo agradece así: “En cuanto al libro de Furt quisiera que usted hiciera llegar a su autor el gusto y viva simpatía con que lo he leído. Tenía usted razón, querido Molinari; ahí en esas páginas he encontrado, graciosa y melancólica alternadamente, palpitante siempre, la vida popular de sus paisanos; y no la vida del pueblo de la ciudad, tan deformada y mezquina en todos los países por lo general, sino la vida popular campesina, tan libre como exacta, tan natural como fiel.” Con Molinari intercambió libros y cartas a lo largo de los años. En 1933 Cernuda le declaraba su amor “por todo lo de ahí”, refiriéndose a la Argentina y, quizá, por extensión al Nuevo Mundo. Once años más tarde, y ya exiliado, le escribe desde Cambridge que de aquel país no tiene más noticia que la de algún número suelto de La Nación que llega a sus manos. 

  Ricardo Molinari

            A principios de los años cuarenta vivían en la Argentina Rosa Chacel y Rafael Alberti con María Teresa León. Pronto se les unirá otro de los náufragos de la República. En carta a Concha de Albornoz de 24 de abril de 1943 refiere, trocando ese amor por un desprecio en conjunción o alternancia típicamente suyos: “Por Octavio Paz, que me escribe alguna vez, tengo noticias de los amigos. Me dice que Gil-Albert deja México por Argentina. Con lo cursis que deben ser las gentes por allá. Yo me los figuro a todos como especies de madamas ocampos, que hasta sus ocupaciones fisiológicas las hacen en francés. Aunque debo excluir de esas sospechas a un admirador del género apasionado que allí me ha salido: un joven poeta, hijo de padres ingleses, cuyas cartas, aun desconfiando de los elogios que contienen, me ruborizan.” ¿Quién sería este no nombrado admirador? No hay muchos candidatos; de hecho –pero naturalmente no soy experto en la materia–, no he dado con ninguno cuyo padre y madre fueran ambos ingleses. A Edgar Bayley (1919-1990), que podría encajar por edad, lo descarto, pues no lo veo en la línea de Cernuda. Queda Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978), curioso homosexual del que no me consta transvestismo (aunque se ofrecía como inventor de autores) pero sí translingüismo, pues pasó a escribir en italiano en la etapa final de su vida, cuando vivía en Italia, amigo de Pier Paolo Pasolini, en cuya película El evangelio según san Mateo interpretó a Caifás. Supongo que en su carta a Molinari Cernuda se refería a Victoria Ocampo, no a su hermana pequeña, pero el caso es que además de relatos y poemas Wilcock compuso al alimón con Silvina Ocampo el drama Los traidores.

Juan Rodolfo Wilcock

            En 1939, Cernuda quería publicar ya Las nubes, libro comenzado en Valencia y terminado en Glasgow. Inicialmente parecía que lo iba a publicar en Londres Gili, el futuro editor de Ocnos, como el propio poeta anuncia en algunas cartas. Pero fue en Buenos Aires donde en 1943 Rafael Alberti publicó la primera edición exenta de Las nubes (ya publicada en la segunda edición de La realidad y el deseo que Bergamín dio en la mexicana Séneca). Fue en la colección “La Rama de Oro” que dirigía el del Puerto de Santa María, sin que su autor lo supiera. Naturalmente, y más dado su carácter muy celoso de lo suyo, al enterarse Cernuda se mostró indignado, y Alberti quiso contentarlo enviándole algún dinero, según contó este cuando se cumplían veinticinco años de la muerte del primero. Hasta bien entrado 1945 Cernuda no llegó a ver un ejemplar de esta edición de Las nubes, prestado por Arturo Serrano Plaja, quien le envió el suyo propio desde París. A finales de abril del año siguiente Cernuda escribe a Molinari, tras un silencio de meses, transmitiéndole su deseo de que el editor de Las nubes le envíe el número de ejemplares que le corresponda así como un cheque en pago de los derechos de autor.


El 2 de febrero de 1945, Cernuda escribió a Salvador Madariaga, de quien tan cerca se sintió en su exilio en Gran Bretaña, para que este recomendase la publicación de Poesía y literatura a la Editorial Sudamericana de Buenos Aires, donde el segundo había publicado ya su Guía del lector del Quijote. Mas Cernuda rechazó el sí condicional del editor, Antoni López Llausàs, por limitar este la extensión del hipotético volumen a las 200 páginas, de modo que el volumen solo vería la luz, bastante modificado y ampliado, en Seix Barral (Barcelona, 1960) .
            La editorial Losada estuvo a punto de publicar Tres narraciones (“El viento en la colina”, “El indolente” y “El sarao”), que finalmente aparecieron en la también bonaerense Imán en 1948. Manuel Victorio Fernández Valiela, botánico argentino tío del escritor asturiano Xuan Bello que fue compañero de Cernuda en el Emmanuel College de Cambridge, había tenido en Buenos Aires el original con el encargo de ver de gestionar su publicación. Un año antes, Losada había editado tras no pocas vicisitudes el segundo de los poemarios cernudianos del exilio, Como quien espera el alba, que el sevillano había enviado en junio de 1944 a Octavio Paz, en México, temeroso de que el libro pudiera perderse en medio de la turbamulta que representaba la guerra mundial.
            Como se ve, Argentina fue el país donde se publicaron no solo las tres obras de ficción de Cernuda sino, lo que es más importante, sus dos grandes poemarios del exilio, los que en opinión de muchos constituyen la cumbre de su producción lírica.