miércoles, 16 de octubre de 2013

Rafael Fombellida



Los libros llegan cuando quieren, y uno los lee cuando puede, y a veces ni eso: los coloca en nuestra mesa el azar o el interés, pero solo nos sumergimos en ellos cuando conseguimos abrir una brecha en la fábrica del tiempo, que a menudo no deja un resquicio. Con retraso de año y medio leo Violeta profundo, del poeta cántabro Rafael Fombellida. De dos partes bien distintas, la primera posee un tono muy propio, algo alucinatorio. "Geórgica", que va dedicado a Luis Alberto de Cuenca (se entiende el porqué), es una suerte de pesadilla envolvente de muy recomendable lectura, pero también destacaría "Un morir cortés", tan cinematográfico, o el bien interesante, por su rareza, díptico "La alondra, el ruiseñor". Cuando apareció el libro, Antón Castro brindó en su blog la posibilidad de leer algunas composiciones. Se pueden leer aquí.