lunes, 21 de octubre de 2013

Sílabas y haikus


Cada vez que se habla del haiku (ya sea traducido o creado en español y otras lenguas) surge la discusión de si este ha de ceñirse al número de sílabas de la forma original japonesa o puede ser trasladado con elasticidad. Y aquí mismo han opinado al respecto varios lectores que han dejado sus comentarios. La forma, lo mismo en esta composición breve que en otras, es siempre importante, porque no se trata solo de contar sílabas, sino de conseguir ritmos. Pero quién duda que puede haber poemas que sean casi haikus con todas las cualidades de estos. Un buen ejemplo sería este de José Jiménez Lozano, que no autocalificándose haiku lo es absolutamente, incluso atendiendo al precepto de que en el poemita debe manifestarse una estación del año. Lo curioso es que estos tres versos del poeta abulense suman, sí, la canónica cifra de las diecisite sílabas, pero con un cómputo que escapa al 5+7+5. Aquí van, en cualquier caso, con su belleza:

DORADOS

Más dorados los rastrojos
que la luna llena.
Otoño.



7 comentarios:

Aitor Suárez dijo...

Yo he despotricado mucho de haikus y métrica en general porque siempre me ha parecido un poco absurdo contar sílabas con los dedos. También he criticado mucho la rima pues me parece pelín ridículo, a estas alturas, rimar rosa con hermosa y con mariposa.

Pero recientemente, en una noche de insomnio, me dio por componer un haiku y me he dado cuenta de que, con eso de contar sílabas, uno puede decir cosas que quizá de otra forma no diría, como si el pensamiento se plegase a la forma. Es raro.

Bien, el caso es que he escrito unos cuantos haikus (al menos formalmente creo que lo son, por aquello del 5-7-5), y si alguien muy aburrido quiere leerlos están en aitor-suarez.blogspot.com

Amando García Nuño dijo...

Como punto de partida, la rigidez formal siempre atenta contra la poesía, que es libertad para la belleza del lenguaje, sin cortapisas. Aún así, los juegos son estimulantes, desarrollan las estructuras por donde podría circular el poema. Yo me entretengo a veces con unos haikus estirados (7-11-7) que, por pura tontuna, llamo sinkus. Todo vale, dejemos que corra el aire.
Abrazos, siempre

Anónimo dijo...

La métrica de este poema no es métrica ni es ná. Pa eso, dilo en prosa, que por ello no es más prosaico sino todo lo contrario.
Si Keats levantara la pluma...

Antonio Rivero Taravillo dijo...

A riesgo de incurrir en tautología: la métrica de este poema sí es métrica. El autor no ha querido ceñirse al modelo tradicional del haiku, y ni siquiera dice que su composición se corresponda con la forma japonesa. Pelo es como un haiku. La oda "Al otoño" de Keats es otra cosa, pero este poemita tiene su encanto.
Y en cuanto a lo que afirma Amando García Nuño, me quedo con la segunda parte de su aseveración: que la imposición formal estimula muy a menudo. No creo que siempre atente contra la poesía.

Alfredo J. Ramos dijo...

Muy interesante la conversación (¡se echan de menos unas pintas!). En el fondo, ser esclavo de la forma es un placer algo masoquista, pero tiene compensaciones insospechadas. El haiku es un género poderoso, puro mimbre. Y me parece que tanto o más importante que el cómputo de sílabas (aunque 17 es una suma con muchas ventajas), lo es la presencia siquiera velada de la estación (que a menudo se olvida). El ejemplo de JJL, llámese haiku o como se quiera, es un poema hermoso. (Quizás el título pudiera mejorarse, restarle redundancia). Alguien habla de contar sílabas con los dedos, pero no es tanto una medida digital como auditiva. Aunque ya sabemos que las licencias se emplean de muy diverso modo, y oídos (y formas de leer) hay muchos. Ahora bien, sea como fuere la poesía sin música es prosa porosa (o leprosa, que no recuerdo ahora bien cuál era la rima oportuna).

Siempre es un placer recalar al lado del fuego y a vista de la nieve.

anónimo dijo...

Ningún desdoro hay en contar las sílabas con los dedos, si se necesita; lo importante es el resultado. Existe algún testimonio acerca de Antonio Machado escribiendo un poema en un café de Segovia (si recuerdo bien), y haciendo exactamente eso, contar con los dedos. ¿Les resta eso altura, a él o a su trabajo? En absoluto; sólo lo humaniza.

Alfredo J. Ramos dijo...

De acuerdo, anónimo, ningún desdoro hay; tampoco creo haberlo apuntado así en mi comentario, al que supongo que responde el tuyo. Si así lo has entendido, me he expresado mal. Mi apunte sólo quería subrayar que, más que un número exacto y bien contado de sílabas, importa que el poema tenga todas las notas que exige la canción, dado que la "contabilidad digital" puede modificarse con las licencias poéticas que cada autor emplea a su modo (aunque sea dentro de una consenso estético más o menos compartido). Que para llegar a ese objetivo uno se ayude de los medios que considere oportuno, incluido el teclear de los dedos sobre la mesa, no sólo me parece aceptable, sino incluso recomendable, pero el resultado que importa no está en los dedos. La anécdota de Machado, que ya conocía (creo que Gibson la cuenta en su biografía), es realmente una prueba más, como bien dices, de su gran humanidad.