martes, 19 de noviembre de 2013

Un atropello




Víctor Seix, el editor que da su apellido a uno de los más importantes sellos literarios de España, murió arrollado por un tranvía cuando asistía a la Feria del Libro de Fráncfort, en 1967. Yo, que también he sido editor, y quizá con cierto inconfesado ánimo de plagio, estuve a punto de acompañarlo la noche del pasado jueves, en Berlín. Jugó su baza en ello, aunque imperfectamente, un camión volquete que con el semáforo verde como yo, obediente peatón germanizado, cruzaba la Potsdamer Strasse pero, al llegar al paso cuyo monigote me bendecía, giró a la izquierda. 
Pensé que se detendría, que me havía visto. Pero, invisible como cuando en la barra de un bar todo el mundo es atendido antes que yo mismo, creyó hallar la vía expedita. Si no refreno mis pasos, aquel panzer de la muerte me atropella. Disculpándose mientras seguía su curso, el chófer hizo un gesto de pedir excusas con la mano. Bien diferente se alza en la imaginación el brazo del tranviario que se llevó por delante a Seix, pues cuenta Carlos Barral, quien tuvo que ocuparse del papeleo de la repatriación de su socio, que el conductor aquel se llamaba Adolf Hitler.
Luego, bromeando con el agregado cultural de la Embajada, le comenté a este el incidente (mejor in- que accidente) y le expresé mi alivio de no haberle hecho cargar, a él tan amable, con los desagradables trámites luctuosos. Ambos quedamos sin embargo muy contentos de reconocer que eso, en cualquier caso, era responsabilidad no de la Embajada sino del consulado. Nos quitamos un gran peso de encima.

1 comentario:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Atropellado por un tranvía murió también el arquitecto catalán Antonio Gaudí. Es curioso, porque en sus obras (así, la Sagrada Familia) se había propuesto que no hubiera ni una sola línea recta, y sin embargo la casualidad (tan irónica siempre) quiso que muriese sobre una vía de tranvía: o sea, sobre dos líneas rectas y paralelas.

AITOR SUÁREZ