lunes, 2 de diciembre de 2013

Adiós a André Schiffrin



Uno es de los que entró en el mundo del libro por una pasión muy confesable: la de haberlos amado desde niño en la biblioteca paterna y en las librerías. Luego vino el ganarse la vida con ellos. Empezó su oficio de librero en 1989 y lo ejerció, simultaneándolo con los de escritor y traductor literario, hasta 2006. Desde entonces ha sido, además, director de revistas y editor. Y siempre le ha gustado leer obras sobre el sector editorial, sobre las bibliotecas, sobre la mercadotecnia del libro.
     Leí hace ya bastantes años La edición sin editores, el libro más conocido de André Schiffrin, hijo de quien fundara esa colección mítica, la Bibliothèque de la Pléiade. Allí su autor denunciaba ya la caída de las editoriales clásicas en manos de los oligopolios. Luego, en 2006, devoré su secuela El control de la palabra, que compré en la Casa del Libro de Sevilla, cuando aún la dirigía, nada más salir en abril de 2006. Quien luego salió de la cadena de librerías ese mismo año fui yo, tras la defenestración de la gran directora y artífice del proyecto, Charo Albarrán, y de otros directivos entre los que me contaba. Aquel año, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cuya más reciente edición acaba de comenzar esta semana, compré otro ejemplar del libro, despistado por su cubierta diferente. Tanto me había interesado el ensayo de Schiffrin que quería más. La primera edición era de Anagrama (colección Argumentos), la segunda de Ediciones Era, que adquirí en su stand de la FIL. Una la traducía Javier Calzada; la otra, Claudia Canales. 
     En México siempre se han publicado buenos títulos sobre el sector del libro (ahí está la estupenda colección de Fondo de Cultura Económica), y en el vuelo de regreso desde el D.F. a Madrid me bebí de una sentada el volumen de Era (el de Anagrama ya había sido leído en Sevilla, donde parmanecía).
     Era el mismo libro y era otro, como una vuelta de tuerca, sobre el original único, dada al relato "Pierre Menard, traductor del Quijote" de Borges. En la edición de Era, la Introducción se abre: "Enormes cambios han tenido lugar en los medios desde que La edición sin editores apareció por primera vez, en 1999." En la de Anagrama: "Desde la publicación de La edición sin editores en 1999 se han producido enormes cambios en los medios de comunicación."
      Es frecuente la coexistencia de varias traducciones en lo que respecta a la poesía clásica, pero en el caso de un ensayo contemporáneo resulta, o al menos a mí me lo parece, llamativo. Y podría dar para un artículo sobre traductología.
     La tesis de Schiffrin es que los contables, los grupos de inversión, el capital sin rostro ni alma, ha penetrado como un virus en el tejido editorial, destruyéndolo. Él, que ha muerto ayer, se ha ido el mismo día en que se hacía público que Amazon, esa vocación de monoplio, pretende realizar sus envíos mediante aeronaves no tripuladas, los llamados drones. La edición sin editores. El reparto sin repartidores. Probablemente, también y dentro de poco, la lectura sin lectores. Gracias por tus enseñanzas, André Schiffrin.

2 comentarios:

Alfredo J. Ramos dijo...

Amén, es decir, tal cual. El diagnóstico de Schiffrin es irrefutable, me parece. Y en los últimos años ese fenómeno de la edición sin editores se ha multiplicado, en los grandes y medianos grupos, hasta límites casi inverosímiles. Una deriva sólo compensada por la creciente externalización de los servicios (una vía por la que muchos editores de valía siguen responsabilizándose, desde la periferia del sistema, de ciertas líneas editoriales "de prestigio") y, en otro sentido, por la multiplicación de pequeñas casas editoras en las que sí se percibe un plan editorial basado en el viejo savoir faire, potenciado por la maravilla de las nuevas herramientas, y alguna dosis efectiva de eso que antes se llamaba la vocación de editor.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Pues tienes toda la razón, Alfredo. Lo mejor de la edición en los últimos años ha venido de esos editores independientes que han buscado su hueco en los entresijos abandonados por los grupos. Como tiene que ser. Un abrazo.