jueves, 12 de diciembre de 2013

Los cuentos de Sergi Bellver





Hay estupendos relatos en este volumen, Agua dura; sin ir más lejos -bueno, llegando al final-, el último, "Islandia", que ha conquistado a una ya acreditada maestra del género como Marina Perezagua. En ambientes y escenarios muy diversos, predomina en ellos una atmósfera onírica, inquietante, de obsesiones y fantasmas (no hablo, naturalmente, de sabanones blancos). Pero del cuidado con el que Sergi Bellver trabaja como un orfebre sus cuentos da muestra, con creces, "El nudo de Koen", una reelaboración del viejo tema del doble, donde consigue en la página, que es donde un escritor tiene que demostrar las cosas y no en entelequias ajenas al lenguaje, el mismo efecto especular que hay entre esos hermanos, uno vivo y otro muerto, cuyas existencias se encuentran aquí en una encrucijada desasosegante. Escribe el autor:
     "A menudo Koen siente que va a robarle una vida a su hermano Koen cuando crezca más de lo que el hielo o el canal le dejaron antes de que él naciera. Sospecha también a veces que su propia vida es un ensayo y que quizá sus padres lo abandonen cualquier día en busca de un tercer Koen, del Koen perfecto. Otras veces cree que el primer ensayo fue la vida de su hermano Koen, y que sus padres decidieron bien al deshacer el nudo del destino e insistir en el intento."
     En esos monólogos interiores que se reflejan como un diabólico diábolo en las dos partes simétricas de la silueta espectral de una letra K, Bellver consigue, sobre la narrativa breve, género al que pertenece el libro, crear poesía. Que como es sabido, es cosa de ecos, de retornos, de pautas rítmicas que puede reforzar, o no, la rima, y casi siempre los acentos. No hay que buscar aquí versos medidos sino composición poética y un juego de espejos, de analogías, que es el mundo que habita la poesía.

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