miércoles, 11 de diciembre de 2013

Sobre el más reciente libro de Rosa Díaz




Lo presentábamos ayer, y hoy dejo aquí algunas de las cosas -buenas- que dije de él. Porque es un libro importante, y de esos que uno, después de haber accedido a leer y comentar en público casi por compromiso, disfruta y saborea. Y al que desea volver, como para redactar esta página.
     Esperando a Grenouille es un libro unitario, un extenso poema ("Sonata patética") precedido por un soneto introductorio (el estupendo "Preludio para invierno") y por una "Coda". La materia del libro es la propia Rosa Díaz, y su memoria, que se bifurca también por las sendas de la imaginación y las artes. En la literatura española de hoy empieza a cultivarse el poema largo, de tan poco arraigo en su tradición próxima, y este de Díaz se suma a otros de Álvaro García, Juan Carlos Marset o Joaquín Pérez Azaústre y aún suyos, como Monólogos con la SE-30. La longitud de un poema solo se justifica si no pierde intensidad, y Esperando a Grenouille la tiene y la mantiene en toda su extensión. 
      La figura de la madre, ya en su nube de olvido, roída por el alzhéimer, está presente desde el primer verso de la "Sonata patética", de la que solo no me gustan las connotaciones de su adjetivo: "Qué lejos yo de esa mujer / que anda con sus hijas y sus nueras". También comparece el padre:

El asma de mi padre era un vaho de eucalipto
y desconocimiento. Pero la cortisona ya estaba en Nueva York
-pues Dios hablaba inglés con Eisenhower-
y un día nos llegó su caja de milagros.

Hoy recuerdo esas píldoras, igual que recordaba
Aureliano Buendía el prodigio del hielo.

Y el hilo familiar, que se confunde con el del país que iba saliendo de la larga posguerra, se entremezcla con otros lugares: África, Rusia, Inglaterra, Irlanda, Palestina... signados tanto por la realidad política y social como por la literatura. 
     Y, aunque no podemos hablar de poesía culturalista, hacen acto de presencia pintores como van Eyck, Goya, El Bosco, Munch, Rembrandt o el Greco. Y escritores como Wilde, Joyce, Carson McCullers, Baudelaire, los hermanos Grimm o Mary Shelley. También, artistas de cine como Audrey Hepburn o Groucho Marx.
     Hay grandes momentos de amor, como los que señalan estos versos, qué hermosísima invocación: "Toquémosnos antes que las manos / se nos vuelvan escamas, / antes de que el veneno nos llegue a la cabeza, / antes de deslizarnos por la mente de Ovidio." De la mención al poeta latino me parece valiosa la ambigüedad, porque Ovidio es autor de poemas fundamentales de la tradición amorosa occidental pero también, y sobre todo, de las Metamorfosis, ese catálogo de transformaciones como la que aquí, en los versos de Rosa Díaz, acecha a los amantes.
     

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