viernes, 29 de noviembre de 2013

"Turismo"



Solo por el poema de este título ya es recomendable la lectura de El falso techo, el segundo libro de poesía de Erika Martínez (autora además de un libro de aforismos, Lenguaraz, también en Pre-Textos). De la hipocresía, del mirar como quien no quiere la cosa por encima del hombro -literalmente- porque la muchacha etíope con nombre postizo occidental se arrodilla para limpiar el pie, y limar, y pintar las uñas, trata este poema casi en prosa. Su versículo final: 

Acepto que me sirvan cerveza, que cultiven lo que como y cosan lo que visto: acepté que me hicieran la pedicura. Tan solo hay una diferencia simbólica. Eso pensé, simbólica. Y dejé a Betty que siguiera. 

jueves, 28 de noviembre de 2013

miércoles, 27 de noviembre de 2013

martes, 26 de noviembre de 2013

lunes, 25 de noviembre de 2013

Gratitud





No lo diré en términos económicos –saldar una deuda– porque nada más alejado, pero hace poco pude al fin, y no dejé pasar la oportunidad, agradecer en persona a Clara Janés aquella antología suya de Juan Eduardo Cirlot que me descubrió a uno de mis poetas de cabecera. Anoche volví a leer "Susan Lenox". Indescriptible, Cirlot. Desde qué fríos escribía, con qué fuego.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Para unas memorias de lector



Con ese título, y dentro de un proyecto que se adivina amplio, José Manuel Benítez Ariza dedica unas páginas a La lluvia y su autor, reproduciendo lo leído en la presentación del libro en Cádiz justo hace ahora un mes.

sábado, 23 de noviembre de 2013

viernes, 22 de noviembre de 2013

Noviembre berlinés, una instantánea






Es ahora,
en noviembre,
cuando hay más sol en las hojas caídas que en el cielo
y, contagiado por tanta ciudad,
este se hace gris, de metal y cemento
y cristales opacos que no dejan
ver la luz que en las oficinas muere.

Crápula nocturno, el día
ya está cansado al amanecer.
Para protegerse del frío
se ha echado la capucha sobre los ojos,
y con manos pálidas roza
rostros que no acaricia ni siquiera.

Sobre oscuros radios pedalea,
ladrona de ese oro insensible,
abotargado,
la embozada belleza de muchachas que pasan
sin sombra hacia el olvido.

Color feldgrau, el firmamento
yace cuerpo a tierra, botas embarradas,
como un soldado de la Wehrmacht
muerto en el frente.

Y un hombre aquí, que camina a tientas
no por la oscuridad: por el recuerdo
imperioso del sol que deslumbraba,
invisibles como él mismo, los poros,
los ojos de su piel mediterránea.

(A.R.T., 15-11-13)

jueves, 21 de noviembre de 2013

Romeo y Julieta en Galicia





En 1956, Álvaro Cunqueiro publicaba esa breve delicia inmarcesible, Las crónicas del sochantre, a las que añadía como apéndice "La función de Romeo y Julieta, famosos enamorados". Ahora, en 2013, y también desde Galicia, Pablo Fidalgo Lareo (natural del Vigo de cuyo Faro fue director Cunqueiro) nos entrega Mis padres: Romeo y Julieta, un extenso poema unitario dividido en fragmentos al que acompaña una treintena de otros poemas repartidos en las secciones "Prólogo", "Casa de acogida" y "Río do mar".
No es frecuente en los poetas, sean estos jóvenes como Fidalgo Lareo o no, el poema largo; menos aún comprobar la fidelidad (sin caer en la repetición) a unos temas, a las obsesiones, que son a la postre los mimbres con los que se construye la mejor poesía. Así, como dramaturgo estrenó hace seis años La velocidad del padre, la velocidad de la madre, cuyo ya presagiaba el libro que acaba de publicarse. 
El poeta junta aquí su propia historia a la del amor, clandestino inicialmente, de sus padres, y luego a la separación de estos, a la fractura familiar. Ante unos vasos de vino tal vez podría aquel rebelarnos confidencias y delimitar la exactitud (si exactitud puede haber en los sentimientos) de la historia que aquí se siluetea; pero lo importante es la verdad poética, que aquí resplandece de continuo en un libro que puedo saludar ya como uno de los que más me han interesado esta temporada. Con prosaísmos y también desbordamientos líricos casi ingenuos, mediante un verso fluido que evita el excesivo atildamiento (Wordsworth, Campoamor, Antonio Machado o Cernuda preferían el escribir como se habla), tenemos aquí una love story que no es solo de los dos que la empezaron y la acabaron luego, sino también de quien es resultado de ella, que ahora levanta el acta, a veces emborronada, del amor filial, doblado de arqueología que trata de recuperar las piezas de aquella relación entre las ruinas de hoy. El autor que firma con sus dos apellidos, el paterno y el materno, escribe:

Mis padres dicen que nunca se conocieron
y lo niegan todo y yo se lo agradezco
porque dos negaciones me afirman.

Muchas veces, las separaciones de los padres exigen un altísimo precio de los hijos, y el joven Fidalgo Larea debe de haberlo pagado, aunque no caiga en la autoconmiseración o la jeremiada. Pero de ese padecimiento, de esa falta que sufre el ser de carne y hueso, el fruto es un libro que rebosa emoción e inteligencia; por decirlo con una sola palabra, poesía.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

martes, 19 de noviembre de 2013

Un atropello




Víctor Seix, el editor que da su apellido a uno de los más importantes sellos literarios de España, murió arrollado por un tranvía cuando asistía a la Feria del Libro de Fráncfort, en 1967. Yo, que también he sido editor, y quizá con cierto inconfesado ánimo de plagio, estuve a punto de acompañarlo la noche del pasado jueves, en Berlín. Jugó su baza en ello, aunque imperfectamente, un camión volquete que con el semáforo verde como yo, obediente peatón germanizado, cruzaba la Potsdamer Strasse pero, al llegar al paso cuyo monigote me bendecía, giró a la izquierda. 
Pensé que se detendría, que me havía visto. Pero, invisible como cuando en la barra de un bar todo el mundo es atendido antes que yo mismo, creyó hallar la vía expedita. Si no refreno mis pasos, aquel panzer de la muerte me atropella. Disculpándose mientras seguía su curso, el chófer hizo un gesto de pedir excusas con la mano. Bien diferente se alza en la imaginación el brazo del tranviario que se llevó por delante a Seix, pues cuenta Carlos Barral, quien tuvo que ocuparse del papeleo de la repatriación de su socio, que el conductor aquel se llamaba Adolf Hitler.
Luego, bromeando con el agregado cultural de la Embajada, le comenté a este el incidente (mejor in- que accidente) y le expresé mi alivio de no haberle hecho cargar, a él tan amable, con los desagradables trámites luctuosos. Ambos quedamos sin embargo muy contentos de reconocer que eso, en cualquier caso, era responsabilidad no de la Embajada sino del consulado. Nos quitamos un gran peso de encima.

lunes, 18 de noviembre de 2013

"La silla de Pessoa"




El poeta Ignacio Arrabal tiene la ocurrencia de sacarnos en un mismo texto a Fernando Pessoa y a mí. Le agradezco el gesto, que solo veo justificado en el hecho de que el sacerdote que bautizó a Pessoa se llamaba António Ribeiro. Su viaje por Lisboa y por mi lluvia se puede leer en su blog.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Otoño




Antes de entrar, dejen salir. Eso dije esta mañana a las hojas que a la puerta del hotel venían a registrarse. Estaban amarillas, derrengadas, como de haber pasado en vela meses enteros. Buscaban techo y calefacción pero ya era demasiado tarde. Tenían, apagado, el color de las tarjetas oro, pero de un titular insolvente que no podrá comprar ya nada.

sábado, 16 de noviembre de 2013

viernes, 15 de noviembre de 2013

"La lluvia es una cosa que ocurre en el presente"



Con este título tan borgeano Hilario Barrero ha escrito para ABC un comentario sobre La lluvia. Se puede leer pulsando este enlace. En su generosa página, se refiere a este poema del libro:




MUCHACHA EN LA COPISTERÍA

Ya había hecho las copias preceptivas
para ese premio,
tenía los poemas en las manos
y la factura.

Entonces entró ella con sus ojos
–más cegadores
que los de viejas fotocopiadoras,
lentos relámpagos–,
y los renglones rubios de su pelo,
y sus veinte años.
Cuántas imágenes le suscitó,
cuántas metáforas.

El plazo ya expiraba, como acaba
todo en la vida.
Imposible añadir otro poema
al libro que concursa inútilmente.

Se queda fuera.
Su belleza escapa de las páginas
metidas en el sobre, ese sepulcro
                                   de papel acolchado como un féretro.

jueves, 14 de noviembre de 2013

Homenaje a Seamus Heaney





Desde que sufrió un ictus, hace unos años, su salud ya no fue la misma. Se recuperó entonces, sí, y no quedaron secuelas en su inteligencia ni en su capacidad poética, pero ya empezó un declinar físico que no impidió que visitara en varias ocasiones España (la última, si no me equivoco, la primavera pasada cuando participó en un acto en el Centro Niemeyer de Avilés acompañado por su amigo y traductor Jordi Doce). Si no hubiera sido por estos quebrantos, tal vez hubiera podido estar, por segunda vez, en la pasada cita de Cosmopoética; al menos, su coordinador, Joaquín Pérez Azaústre, me expresó hace meses su intención de que fuera así.
            Mucho antes de la concesión del premio Nobel, Heaney ya era conocido dentro y fuera de Irlanda como uno de los destacados poetas en lengua inglesa, uno de los dos idiomas de su tierra. De uno, el irlandés, ha vertido al otro poemas que van desde las joyas sobre la naturaleza del rey loco Sweeney a exquisitas piezas líricas atribuidas a san Columba o parte de la obra de la poeta contemporánea Nuala Ní Dhomhnaill. Pero su gran obra original en inglés desde aquellos lejanos días del conflicto sectario en el Ulster hasta la de hoy, más metafísica y en diálogo continuo con la tradición, que pasa por Dante y por Virgilio, lo ha encumbrado como lo que nadie puede negar que sea: el poeta más importante de Irlanda (país de poetas donde los haya) desde W. B. Yeats. Muerte de un naturalista fue su estreno, y Cadena humana su despedida. Entre uno y otro libro, casi cinco décadas de la mejor poesía.
Era Heaney, además, un importante ensayista, con páginas muy esclarecedoras sobre compatriotas como el propio Yeats o Patrick Kavanagh, y sobre los vecinos británicos Hopkins o Marlowe, y acerca también de los de otras latitudes (Lowell, Milosz, Brodsky). Fue asimismo uno de los animadores de la Field Day Theatre Company en su nativo Derry, ciudad de luces y de sombras donde tuvo lugar el Domingo Sangriento en 1972 o, este mismo verano, el principal festival de música tradicional irlandesa del mundo (digo mundo porque la diáspora hibérnica ha hecho que su gaita, su arpa, su baile sean patrimonio también de medio orbe, como lo es el aprecio por su poesía, que arraiga a través de poetas como John Montague o Paul Muldoon en los Estados Unidos).
            La última vez que lo vi fue en un almuerzo en Madrid, acompañado de su mujer, Marie, recopiladora de las viejas leyendas gaélicas, y de Jordi. Nada había en él de altivez o de prosopopeya: ha muerto un hombre cordial, sencillo, buen conversador, accesible, un catedrático de poesía muchas veces laureado que vestía sin embargo como el hijo de un granjero que era. ¡Cómo recitaba con su acento del Norte, pero pulido y culto! Quien lo escuchara en Córdoba hace unos años pudo asistir al milagro de que mientras él recitaba su bellísimo poema “San Kevin y el mirlo” en el mismo momento afuera, en los jardines, un mirlo de verdad lo acompañaba en acorde mágico. Estas cosas solo suceden por, para y gracias a la poesía.
            A Luis Cernuda se le hizo una vez raro que un libro llevara como título Mil años de poesía irlandesa. La parecía una exageración, pero la poesía se viene cultivando allí, con testimonios conservados, desde hace al menos quince siglos. Cité antes a san Columba. En su último libro, Heaney lo vierte y lo hace suyo, y un poco incluso hasta de Joyce con un homenaje (la palabra riverrun) a Finnegans Wake. Como dicen el primer verso y el final, con una ligera variante, de esas cuartetas: “Me duele ya la mano de escribir.” Si adelantado e imprevisto, bien merecido tiene Seamus Heaney el reposo. Descanse en paz. Y para recordarlo nos reuniremos el próximo miércoles a las 19:30 en la Residencia de Estudiantes y en acto coorganizado por la Embajada de Irlanda, un grupo de traductores, poetas, amigos.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

LA GAVIOTA




José Luis Parra, por Susana Benet



                 LA GAVIOTA


                                         In memoriam José Luis Parra


El ventanal inmenso, atlántico:
esa pecera
en que nadaban las gaviotas.
Las deliberaciones, los votos
en que unos jóvenes se jugaban un premio
igual que una bandada los relumbres
húmedos todavía, plateados.

Hablábamos con parquedad,
tú deseando
encender de nuevo un cigarrillo.
En la página azul y transparente,
una gaviota,
carne orillada ante su playa,
ya adivinaba su pitanza:
al otro lado del cristal, la vida.

Como un rayo de luz cruzaste sin romperla.


(Lo vi solo una vez, un día en Cádiz en que ambos formábamos parte de un jurado de poesía. Desde la sala de juntas en que estábamos, en un piso alto y acristalado, el sol de invierno relucía en los azules. Parecía que si abríamos demasiado la boca nos íbamos a tragar el cielo, el mar)

martes, 12 de noviembre de 2013

"El mirlo", un poema de Tennyson




EL MIRLO

Oh mirlo, cántame un lay hermoso:
cuando todos los vecinos te dan caza
yo tengo parcelas fertilísimas
donde puedes trinar, comer, morar.

Los emparrados y postes son tuyos,
cuan ancha es la pradera, el parque todo;
las maduras picotas sonsacadas
hoy tuyas son en el jardín tapiado.

Ay, te dejé vivir la primavera,
y tu único placer es, silencioso,
con la dorada daga de tu pico
festonear manzanas estivales.

¡Un áureo pico! La voz de plata
que el frío febrero amó se ha secado:
todo corrompe ya la melodía
que famoso te hiciera, cuando joven.

Y en las cálidas plazas de los parques,
las notas de tu flauta se hacen ásperas
y nunca te oigo, o sólo enronquecido
como el pregón que lanza un buhonero...

Mira que quien no canta cuando el sol
avanza en el azul, tendrá que hacerlo
antes que las hojas nuevas rebroten,
cautivo de la helada primavera.

(Traducción de A.R.T. en La Dama de Shalott y otros poemas, Pre-Textos, 2002)

lunes, 11 de noviembre de 2013

Cesar



Esa fijación de los poetas argentinos o de Asturias, como sintiéndose -Keats en Roma, las flores creciendo sobre él- póstumos en vida, y llevándola a las notas autobiográficas, tornadas por el tiempo verbal en automuribundia. "Publicó más de veinticino libros de poesía", "participó en congresos, lecturas públicas y talleres", "recibió el premio" tal. En vez de "ha publicado", "ha participado", "ha recibido". Y todo mientras están aún vivos. Tal que si robaran a la muerte su botín, no dejándole nada que llevarse.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Ecos de una semana





Ha sido una semana intensa. Una semana inmensa que aún no ha terminado y tendrá su prolongación en la que viene. La semana del cincuentenario de la muerte de Luis Cernuda. Hoy Radio Nacional de España le ha dedicado su programa Documentos, en el que he participado. En la foto, el lugar donde estaba el magnolio que le inspiró y la placa que lo evoca, y uno mismo, que se coló allí de rondón en una foto de Daniel Mordzinski.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Una metralleta en la barriga



El Mundo incluye ahora en su página web las columnas. Aquí la mía de ayer (con mis disculpas por la pérdida de las cursivas).

jueves, 7 de noviembre de 2013

Versos favoritos



El pasado martes, cincuentenario de la muerte en México de Luis Cernuda, El País publicaba la elección que algunos poetas de España y América hacíamos de los versos del sevillano. Se puede leer aquí.

Querido don Salvador



Han finalizado esta noche las jornadas que en homenaje a Luis Cernuda se han celebrado en la Academia de Buenas Letras de su ciudad natal. Aquí, las cartas del poeta sevillano a Salvador de Madariaga que hallé hace tres años y que, parcialmente citadas en el segundo tomo de la biografía, he publicado ahora íntegras en el último número de El Cultural, junto con un artículo que las sitúa en su contexto.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Papel salmón




Como el niño que evoca la cartilla de sus inaugurales letras, nunca olvidaré que en El Correo de Andalucía publiqué mis primeros artículos: las estampas viajeras que luego, con algunas que se les sumaron, compusieron el volumen  Las ciudades del hombre. De hecho, gracias a esas páginas me leyó José Luis García Martín y me invitó a colaborar en la revista Clarín, que dirigía y dirige y donde más de quince años después sigo compartiendo poemas, traducciones, artículos, reseñas.
Este suplemento de El Correo (La Mirada) lo era de literatura, pero en él tenía generosa cabida la creación, y la crítica era enjundiosa, los números monográficos frecuentes y la calidad –salvo por mi balbuciente intromisión– altísima. Por razones que alguna vez me han sido expuestas pero que ahora me rehúyen el periódico entregaba el mismo día, el sábado, otro suplemento de libros: este más dedicado a las recensiones, y con otro coordinador. El caso es que el diario contaba con dieciséis páginas seguidas no necesariamente vinculadas a la actualidad editorial, sino con mucha obra de atemporal calado. Y lo más sorprendente es que ambos suplementos se tiraban en papel salmón, en contraste con el blanco del resto del periódico, como una arrogante invasión en el territorio extranjero de la prensa económica. La economía estaba, sin embargo, en que los letraheridos, voluntariosos ajenos a la Redacción, no cobrábamos.
Hoy, El Correo de Andalucía, tras varias crisis, atraviesa hoy la peor. El empresario propietario, ajeno al periodismo, y muy cercano al Régimen andaluz, ha vendido la cabecera y toda su impedimenta –incluidos los trabajadores, como siervos de la gleba redivivos– por un euro. No es una errata provocada por uno de los socorridos duendes de la imprenta a los que echar la culpa. Esta es otra. De otros. Y las víctimas, los trabajadores que no cobran. Como en aquellos tiempos los reseñistas y literatos.
Cómo imaginar entonces que, una vez desaparecidas aquellas páginas salmón, la noticia de la propia venta de El Correo de Andalucía sería tan obscena como cualquiera de las que tiznan, hoy como ayer, la prensa financiera.

martes, 5 de noviembre de 2013

La imagen de Cernuda, hoy




Confabulario, suplemento del periodico mexicano El Universal, ofrece en su último número este artículo mío escrito con motivo del cincuentenario de la muerte de Luis Cernuda, el 5 de noviembre de 1963 en Coyoacán. Naturalmente, cuando menciono a Camus, me refiero al centenario de su nacimiento (estas palabras se escurrieron del texto de mi artículo).



lunes, 4 de noviembre de 2013

Poeta de la lluvia





Es que Toni Montesinos es muy generoso. Aquí, su lectura de La lluvia

(La fotografía que ilustra esta entrada está tomada desde una ventana del hotel en que me alojaba cuando sucedía lo que cuento en el último poema del libro, "Casa de cambio")

domingo, 3 de noviembre de 2013

La manta



Sacas la manta, la extiendes, sin saber si en ese roce en palmas y dedos te llevas, como un polen invisible, sueños o pesadillas a la noche.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Ezra Pound, tres poemas




Ezra Pound, acaso uno de los tres o cuatro poetas más importantes en lengua inglesa del pasado siglo, murió el 1 de noviembre de 1972 en Venecia, ayer hace cuarenta y un años. En 1991 publiqué en la Universidad de Sevilla la traducción de muchas de sus mejores composiciones anteriores a los Cantos. Aquí, tres breves:

ABRIL

                               Nympharum membra disjecta

Vinieron a mí tres espíritus
y me llevaron aparte,
allí donde las ramas del olivo
yacían arrancadas sobre el suelo:
pálida carnicería bajo brillante niebla.



GENTILDONNA

Ella pasó y no dejó pulso en las venas, 
ella que ahora, en la espesura,
                        unida al aire que cortaba,
agitando la hierba ya pisada, permanece:
hojas grises de olivo bajo un cielo cubierto.



ITÉ

Id, mis canciones, buscad elogios de jóvenes
         e intolerantes,
moveos solo entre los amantes de la perfección.
Procurad erguiros siempre a la difícil luz sofoclea
y recibid con alegría las heridas que os inflija eso.


viernes, 1 de noviembre de 2013

Tristeza y gratitud




Hoy mismo he sabido que Paréntesis, el sello editorial del que fui director literario hasta el 2011, va a desaparecer. Su empresa matriz ha entrado en concurso voluntario de acreedores. Es un momento de tristeza, pero también de gratitud. Gratitud a los autores, a los prologuistas, a los traductores, al personal de la editorial y a los colaboradores externos; y, por supuesto, a los lectores a quienes -pocos o muchos- conseguimos interesar en aquellos títulos de autores noveles y de otros que no lo eran tanto, y también en las recuperaciones -aquí sí puedo dar nombres, solo de fallecidos- de R. L. Stevenson, Lady Gregory, Cunqueiro, Ford Madox Ford, Foxá, Pessoa... El agradecimiento es más fuerte que la pena. Gracias a todos.