miércoles, 15 de enero de 2014

El arte de volar


Ilustración de Lorenzo Saval para la cubierta de El arte de volar

¡Despegamos! En el último número de la mítica Litoral piloto en español dos poemas de W. B. Yeats. Uno, como no podía ser menos, es "Un aviador irlandes prevé su muerte". El otro es menos conocido. 
Desde la primera página a la última, no hace falta decirlo, la revista es una delicia. Y llena de sorpresas, como esa prosa de Oliverio Girondo absolutamente maravillosa. Incluye también, entre decenas de muy buenos poemas de diferente extensión, tres breves memorables de Amalia Bautista, Josep M. Rodríguez y Roger Wolfe. Sin duda inpirados en el disfrutado número, he escrito estos versos, los primeros de año que acaba de despegar:


EN EL CIELO DE MÉXICO

Insurgentes son los que se alzan.
Elevándome,
desde el avión veo la avenida
que levanta su nombre,
esa larga luciérnaga
como un cristal naranja que soplaran,
llenos, los pulmones de la noche;
una pinza dorada y roja
que tira de ese tráfico de afanes
que vienen y van, van y vienen,
pero en cualquier caso se aleja
mientras asciendo.

Debajo de la nítida línea
–una Vía Láctea horizontal
o un espejo postrado de esa vía–,
otros pasajeros apretados
–casi todos de pie,
también insurgentes a su modo–
no ya como una suma de luciérnagas
sino como un gusano oscuro que recorre
otra negrura,
una noche distinta
que refleja igualmente el firmamento
entre las nubes densas.

Alfa Centauro, Chilpancingo,
Zócalo, Tepito, Sirio, Vega,
Indios Verdes, Altair, Lázaro Cárdenas,
Aldebarán, Antares, Chabacano.
Esa red de estaciones,
esa urdimbre de estrellas
–y yo en medio–
que no veo ahora, adivinadas
como una alta, sumida
astrología.


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