miércoles, 22 de enero de 2014

Honda Andalucía


Francisco Giner de los Ríos

Se celebró hace veinte días, un año más, la toma de Granada por los Reyes Católicos y, con la fijeza de los fanáticos, los grupitos de siempre hicieron protesta de morería, enarbolando banderas de esas blanquiverdes con una estrella roja, como otra blanca, en azul, mancha la tradicional senyera catalana. Y la semana pasada el sindicato del alcalde de Marinaleda volvió a hablar de la "esclavización" de Andalucía y de que esta era anterior a España, por lo que pedía, claro está, la autodeterminación y, ya de paso, la senda a la prehistoria.
     Sucede, por el contrario, que es inútil desgajar (como si fuera una región del territorio) una época del fluir continuo del tiempo, y que lo andaluz es inseparable de lo romano y lo visigodo, y de lo castellano venido con la Reconquista, y de las gentes que luego se han ido asentando en estas tierras. Y que lo árabe, nostalgiado por Sánchez Gordillo desde su barba longa de patriarca semítico, es solo una parte, y no la más valiosa, por cierto. Con todos los problemas que las aquejan (que nos aquejan), Andalucía y España han salido gananciosas de que el islamismo quede del otro lado del Estrecho, y de que, aunque seamos un pueblo mayoritariamente meridional, nuestro ámito sea el europeo, no el del Magreb.
     He recordado esto al leer algunos juicios escritos sobre aquel insigne andaluz de Ronda que fue Francisco Giner de los Ríos, alma y motor de la Institución Libre de Enseñanza. 
     John Dos Passos hablaba de que el gusto de Giner por lo nórdico representaba "el evangelio de la europeización, de la total destrucción de lo que es individual, salvaje, africano, en la tradición de España." Por su parte, Antonio Machado escribió también: "Como todos los grandes andaluces, era don Francisco la viva antítesis del andaluz de pandereta, del andaluz mueble, jactancioso, hipebolizante y amigo de lo que brilla y de lo que truena." Y no es cuestión de religiones: lo africano y salvaje puede aplicarse no solo a los seguidores de Mahoma, sino también a lo cerril católico. Lo importante es destacar que hay una Andalucía mejor, más honda, que no es la del tópico y, desde luego, no se refleja en el espejo que deslumbra y ciega a Sánchez Gordillo.

1 comentario:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Y que las raíces (andaluzas o catalanas o vascas) son para las plantas. Las personas tenemos piernas, para movernos de un sitio a otro. Ser nacionalista equivale a ser un vegetal, o sea, un esclavo del terruño y la geografía.