viernes, 24 de enero de 2014

Una excepción



Un cirujano es más cumplido profesional cuantos más pacientes opera: su destino es multiplicar esa forma que tiene de sanar con las manos. Lo mismo el juez con las sentencias; el mecánico, con los coches; el albañil con sus ladrillos; incluso el periodista con sus artículos, vistiendo con sus palabras, o dejándolos al desnudo, todo tipo de asuntos.
     Pero el poeta, no; cuantos más versos compone, más sombra se hacen unos a otros, como hojarasca que compite por la atención y la excelencia; como el follaje apretado, los poemas se pelean por la luz y el verdor, por las ubres del sol, camada numerosa hasta el exceso. La obra extensa crece, caníbal, de devorarse a sí misma. Las ramas más altas llegarán a las antologías; pero privadas de clorofila, porque no puede haber para tantas, las más son como raíces incoloras, como topos.

3 comentarios:

anónimo dijo...

No estoy yo muy convencido. JRJ pensaba que una de las condiciones del gran poeta era la fecundidad. Es cosa discutible (San Juan de la Cruz, por ejemplo, haría ponerlo muy en duda); pero yo no creo que lo verdaderamente bueno sea nunca demasiado, y no me quejaría porque el gran carmelita hubiese escrito más, como no me quejaría porque tuviésemos más cuadros de Velázquez. No creo que un poema realmente grande padezca porque su autor haya escrito muchos otros de igual excelencia. Ya escogerá el lector, si quiere y puede hacerlo.

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Básicamente de acuerdo. Llega un momento en que la obra de un autor no puede crecer más, y entonces se limita a engordar. Por otro lado, entiendo que no es aplicable sólo a los poetas, sino a los escritores en general. García Márquez, por ejemplo, sería mejor si después de "Cien años de soledad" no hubiera escrito más. Juan Rulfo se dio cuenta y por eso no volvió a publicar tras "Pedro Páramo" y "El llano en llamas".

anónimo dijo...

Discrepo del "zumo". No pienso que sea inevitable, aunque sí muy frecuente, lo de dejar de crecer para sólo engordar. En principio, nosotros mismos y nuestra visión del mundo vamos cambiando con el tiempo, y lo ideal sería que cada nuevo libro fuera escrito por esa nueva persona que vamos siendo. Lo que ocurre es que eso es muy difícil, porque supone instalarse para siempre en la provisionalidad. Y aunque eso es fácil, y casi obligado, a los 20 años, cuando todavía estamos por inventarnos, va siendo mucho más difícil e incómodo a medida que pasa el tiempo. Supone en la práctica que cada libro es el primero. Y tirarse a la piscina sin saber si hay agua es obligado para quien empieza, pero heroico para quien tiene todo un camino detrás, con lo que pesa y obliga eso. Heroico, pero no imposible. E idealmente, como dije, es a lo que habría que aspirar.