viernes, 7 de febrero de 2014

Las batallas en el desierto





Que admiremos y tratemos de compartir el entusiasmo por la espléndida poesía de José Emilio Pacheco no debería dejar a un lado arrinconadas sus cualidades como narrador. En una novela corta, una nouvelle estupenda y que uno no se cansaría de regalar, se hacen estas patentes, sus virtudes de prosista, más que en muchos autores de centones indigeribles.
     Las batallas en el desierto es un libro maravilloso por la capacidad de evocación, por el lenguaje empleado, por la traslación de los diálogos (que no son los recogidos con guiones al uso sino tal como los retuerce la memoria), por la psicología infantil y la fina reconstrucción del incipiente deseo. Y con qué encanto seduce Mariana, el amor del protagonista. Por cierto, que esa Mariana tan carnal y tan fantasma, ¿tendrá algo que ver con la Mariana del poema homónimo de Tennyson, en el cual aparece la tarima con el ratón que retoma T. S. Eliot en el verso 17 de "East Coker" y que Pacheco ha vertido magistralmente con el resto de los Cuatro cuartetos? No parece verosímil, pero al menos a mí me la ha recordado. Y si no en la colonia Roma donde se desarrolla la acción de Las batallas en el desierto, en Polanco, que también se menciona en la novela, hay una calle Tennyson que supongo alguna vez habrá recorrido el escritor desde hace poco difunto. 
     Coincidencias más raras se han visto: allí en la Ciudad de México la calle del autor de "Ulises" y "Los lotófagos" hace esquina con la que lleva el nombre del autor de la Odisea.
     Pero basta de elucubraciones, no sea que parezca acreedor a una visita al loquero como el pobre y desconsolado Carlitos, el pobre amante -sin esperanza- de Mariana.

1 comentario:

sergio astorga dijo...

Antonio, espléndido tu batallar. Ya tengo antojos de volver a leerla.
Saludos desde una imaginaria esquina de la Colonia Roma.