jueves, 20 de febrero de 2014

Premio Tiflos para Emilio Durán




Con Emilio Durán (en el centro) y Rafael de Cózar en la presentación de su novela Plaza del Cabildo (2009)

Estaba asomado al pretil de ese puente que es Facebook, viendo pasar la vida, a veces de aguas turbulentas, cuando leí un comentario de Antonio Praena en que este anunciaba para esa misma noche el fallo del Premio Tiflos de Poesía, que él había obtenido el año pasado con su libro Yo he querido ser grúa muchas veces. En lo que no caí entonces es que también se fallaría el mismo premio en las modalidades de novela y relato. Y esta mañana, en otro puente (este sobre el Guadalquivir), me he encontrado con el ganador de, precisamente, el premio de novela. En realidad, el premio de novela para autores invidentes. Y es que Emilio Durán, víctima de un proceso degenerativo como el que atacó a su padre, tiene prácticamente perdida la vista desde hace unos años. 
     Aunque la novela ganadora se presentó con otro título, el verdadero es, me dice Emilio, Como un lobo el corazón. Lo entiendo mal (como si yo también tuviera disminuido un sentido, el del oído), y me parece que es Como un lobo al corazón. Lo mismo había creído el escritor que lo acompaña, José Antonio Ramírez Lozano, que es quien lo había animado a presentarse al certamen. No, aclara, Emilio, quien repite el título correcto y añade que es uno de los versos del himno de la Legión.
     Nada más justo, pues como un verdadero legionario Emilio le ha echado valor a su enfermedad y nadie le conoce una mala cara, un gesto de desaliento. Siempre bienhumorado, es un conversador ameno que ha aprendido a usar del bastón blanco a su propio modo, como una batuta con la que dirige el mundo, imponiéndole al andar el ritmo que a él se le antoja (es poeta también, y no sé si esta faceta prevalecerá frente a la de narrador por causa de la ceguera, como ya ocurrió con Borges).
     En el momento de nuestro encuentro estaba nublado y, aunque dudo que Emilio lo percibiera, con la noticia de su premio para mí es como si hubiera salido en ese momento el sol. Al menos, en mi voz, habría de notarlo.

1 comentario:

Rosa Ortega dijo...

Mis felicitaciones a mi querido Emilio. Porque es tal como lo cuentas. Rod.