miércoles, 12 de marzo de 2014

La tilde intrusa


Tanto o más que su falta, hiere cuando se posa sobre la vocal que no ha de llevarla. Sucede constantemente en esas cartelas con mensajes supuestamente filosóficos que afean la pantalla cuando se visita una red social. El intransigente nunca domado que hay en uno le dice que muchas veces sería necesario que, por ejemplo en Facebook, los que tienen dos dedos de frente se plantaran y no aceptaran solicitudes de amistad de quienes cultivan ese batiburrillo de rosas rojas, cursiladas y faltas de ortografía, que todo suele venir junto. Actuarían como un dique de modo que esos contactos no fueran saltando de un "amigo" a otro y resultara que, porque la gente es buena, tienen con uno 189 "amigos" en común y nadie sin embargo los conoce y, desde luego, preferiría no conocerlos. El tú pronombre, en lugar del tu posesivo, es frecuente en esos mensajes de bisutería de la gente cándida.
     Pero a veces estas tildes postizas tienen su gracia y pueden hasta convocar a la poesía, como en este texto de Isabel Bono perteneciente a su libro Hojas secas mojadas:

rebelde sin causa (pero con tilde)
Me acuerdo de tí, escribes. Y el peso de esa í me asegura que no mientes. Y me da por pensar en un comando que partir de hoy tildara todos los monosílabos. Pronto seríamos miles. De momento, tú y yó.

(Solo cuando estaba tecleando el poema, fragmento o como se le quiera llamar, he reparado en ese "que partir de hoy", gazapo o lapsus supongo que producido al mecanografiar la autora. Eso nos pasa a todos constantemente. Pero en este caso da uno en creer que la a, señorita remilgada y purista en asuntos de ortografía, se debe de haber marchado escandalizada antre la intromisión de esas dos impertinentes tildes tan bien traídas por Bono a para su propósito poético)



1 comentario:

Elías dijo...

También puede haber sucedido, Antonio, que la a errata se haya ido de parranda con las tildes intrusas. Con un poco de suerte, vuelve la a sola.