viernes, 28 de marzo de 2014

Los hechos y la credibilidad


Octavio Paz y Elena Garro. Archivo de El Universal.

En Los huesos olvidados se plantea una cuestión muy antigua, que se remonta a los inicios de la historiografía y aún antes, a la primera vez que alguien contó una historia. ¿Es creíble una determinada versión de los hechos? ¿Hay en ella alguna tergiversación interesada? Y aunque no la hubiera, ¿hasta qué punto es de fiar la memoria? En la novela, Octavio Paz es una persona que empieza a ver mermadas sus facultades, y que confunde datos. Su exesposa, Elena Garro, tampoco es la fuente más fiable. También ella está vieja, enferma. Además, siempre fue una mixtificadora, con acusaciones a Paz y a otros que procedían de su fantasía si  no de sus deseos de venganza. Como recuerda Christopher Domínguez Michael en un adelanto de su biografía del Nobel que ofrece en el número de marzo de Letras Libres, Charles William Thomas, un responsable de la CIA en México dijo de Garro, informadora de las autoridades mexicanas pero rechazada por la agencia de espionaje estadounidense, que "tiende a romantizar los acontecimientos al reportarlos y hace difícil determinar el grado de credibilidad y la verdadera utilidad de la información que de ella extraemos." 
     El narrador no fiable es algo de lo que sacó buen partido Henry James en Los papeles de Aspern. En su indagación, Encarna, protagonista de Los huesos olvidados, tendrá que aprender a distinguir el trigo de la paja.

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