lunes, 5 de mayo de 2014

Español




En "Arte Poética", Vicente Huidobro acuñó esa frase, que es verso en realidad, tan a menudo citada: "El adjetivo, cuando no da vida, mata." Me sorprendió el pasado miércoles la entradilla que el suplemento Cultura/s de La Vanguardia abrochaba a la reseña que Jordi Amat firmaba sobre una reciente publicación en torno a Cesar González-Ruano. Tras la palabra "Periodismo" en rojo, señalando el género al que corresponde el libro, se lee: "Los autores reconstruyen los turbios pasos y los negocios sucios de un escritor español amoral que no dudó en aproximarse a los nazis".
     ¿Era necesario señalar la nacionalidad del escritor (que, por otra parte, es la de los periodistas de Cultura/s)? Como la reseña de Amat es ponderada, serena y, además, está bien escrita, y puesto que salvo uno de esos paquistaníes con los que parece que ahora baila CiU, nadie que se acerque a las páginas del suplemento puede ignorar quién fue González-Ruano, el articulista más leído de su tiempo (aunque solo fuera por el abultado número de piezas que despachó), me preguntó a qué se debe ese adjetivo que parece haber sido elegido más como escupitajo que como gentilicio: "español". "Un escritor español amoral" en la Cataluña de 2014 es una frase estupenda, porque cumple a la perfección lo que decía Huidobro, aunque con voluntad contraria: matar. Porque a nadie se le escapa que esto de "español amoral" tiene vocación de pleonasmo. Para el que ha redactado la entradilla, si es español va de suyo que es también amoral.

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