jueves, 22 de mayo de 2014

La revisión permanente





En los actos celebrados en la Ciudad de México para conmemorar el centenario del nacimiento de Octavio Paz, Jorge Edwards evocó una conversación telefónica en la que aquel le dijo que Pablo Neruda "fue el mejor de todos, su error fue la política." Y comenta Edwards: "Pero el error de Neruda, a mi juicio, no era exactamente la política, era el conformismo. Neruda se instaló en una ideología, como en una poltrona, y no quiso darle más vueltas al asunto." Y aquí introduce Edwards un elemento que me parece fundamental: "Octavio Paz, en cambio, practicaba en forma vocacional, apasionada, la revisión permanente del pensamiento."
      Creo que Edwards acierta de pleno al hacerse eco de la postura de Paz, que es algo que vengo subrayando en los últimos meses: su capacidad de evolución, esa que le llevó de ser un "compañero de viaje" del comunismo en 1937 a alguien crítico con él, por coherencia, una coherencia que, por paradójico que parezca, muchas veces exige el no anquilosarse, replantearse las cosas. El comunismo oficial siempre ha sido receloso de cualquiera que haya querido pensar por sí mismo y se haya hecho el remolón en su condición no humana, sino de papagayo. En las mismas páginas de este número de mayo de la revista Letras Libres en que se recoge la intervención de Edwards, Juan Goytisolo recuerda cómo a finales de los años cincuenta alguien de su entorno le había prevenido contra la obra de Paz: era de un agente trotskista, le advirtió. Trotskista  (Paz no lo fue) era el sambenito que le ponían los seguidores de la ortodoxia moscovita a todo el que se saliera de sus herrumbrosos raíles. Curiosamente, el mismo ominoso adjetivo que lanzaban en 1937 y 1938 contra los militantes del POUM, que, aun no siéndolo, se convirtieron en una presencia incómoda, en un obstáculo para Stalin y toda su disciplinada caterva de sicarios.