lunes, 26 de mayo de 2014

Lecturas recientes de poesía (II)




Tuve la oportunidad de decírselo en persona la otra noche: sin perjuicio de la alta calidad de los sonetos que integran la segunda parte ("El sitio sin lugar"), uno de los cuales ("Compartimento") publicamos como adelanto en el primer número de Estación Poesía, Álvaro García ofrece tres poemas extensos que me parecen magníficos en su recién aparecido Ser sin sitio: el que da título al volumen, "Ante la tumba de Jane Bowles" y, por último, "El viaje". En el primero de ellos, esta imagen tan sorprendente: "este tiempo sin tiempo, de no víspera, / tú y yo somos la fruta / que en verano se compra en un arcén / y va en el maletero dando tumbos / igual que un secuestrado."
     Como Altolaguirre y Prados, unidos por la aventura impresora de Litoral, en Málaga, Andrés Catalán y Ben Clark han compartido aulas y calles en Salamanca y han vertido poesía en lengua inglesa al alimón, además de haber firmado juntos un poemario, Mantener la cadena de frío, que obtuvo el Premio de Poesía Joven RNE. A finales de año apareció Ahora solo bebo té, de Catalán (que ganó precisamente el Premio de Poesía Emilio Prados), y hace pocas semanas La Fiera, de Clark, libro que se alzó con el Premio Ciutat de Palma Joan Alcover 2013. Aquí se puede leer "Traduciendo "The Sun Used to Shine"", donde asistimos a la reunión de los dos amigos, "el traductor de Thomas y el de Frost" (dos poetas que fueron a su vez muy cordialmente cercanos). A ambos, Clark y Catalán, les ha sentado muy bien el trato cotidiano con la poesía de otras latitudes. En el caso del segundo, además, las artes plásticas, que sirven como pretexto, pértiga, para buena parte de sus poemas en los que destaca, además, un cuidado estudio de la composición, con estructuras simétricas, de estrofas regulares, tan frecuentes en la poesía anglosajona. 
     Pedro Juan Gomila Martorell ha publicado en La Lucerna Arcadia desolada, primera entrega de un ciclo más amplio titulado Eidolon. Se trata de una poesía autobiográfica, una suerte de educación sentimental en la que el autor no oculta ni su homosexualidad ni las dolorosas marginaciones que ha tenido que sufrir por ello, como la sórdida experiencia del servicio militar. Predominan los endecasílabos y dodecasílabos en un canto que sabe a letanía, lleno de referencias aclaradas en un apéndice. Pagano irredento, Gomila, los mejores momentos de este libro traen un aire de goce de la naturaleza muy a lo Juan Gil-Albert, pese a alguna irregularidad métrica: "La salmodia cadenciosa de los grillos, / y el constante, relajante, abejorreo, / cabe la madura, desprendida fruta / de la rama colma de la higuera, / fatigada por la cara de su pulpa."
     Cierra esta tanda de lecturas un acierto redondo de Seix Barral: la reunión en un volumen de la poesía completa del argentino Fabián Casas, escrita a lo largo de veinte años. Horla City y otros es un libro directo, natural, sin oropeles, antirretórico, que se fija en las cosas inmediatas y que es capaz de cerrar un poema con la frase "Bueno, eso es todo." o "Ahora mirás el mar, pero no decís nada. / Ya se han dicho muchas cosas / sobre ese montón de agua." Entre los poemas que destacaría se cuentan "Sin llave y a oscuras", "Vida en común", "Despertarte" o "Esperando que la aspirina", cuyos versos finales recuerdan, a su modo, el comienzo de Conversación en la Catedral: "Me pregunto en qué momento / los dinosaurios sintieron / que algo andaba mal." Son poema spor lo general breves, aunque uno más extenso, "El soldador", está entre los mejores del conjunto, en el que no faltan homenajes, guiños a diferentes escritores que van de Dylan Thomas a Wallace Stevens.