miércoles, 25 de junio de 2014

Cortes a un joven poeta





Quizá hice mal al responderle como lo hice, y tal vez también ahora haga mal al juntar aquí estas líneas.  Pero le contesté de este modo por si le servía de algo, como lo hago ahora por si sirve a otros. Y, evidentemente, no, no soy Rilke sino Rivero: alguien que él mismo siempre está aprendiendo.
        Recibí un correo electrónico con unos poemas. El joven remitente me los enviaba acompañados de una breve nota. Se había tomado un mes desde que le dijera que podía enviármelos. Por el tiempo transcurrido se podía haber esmerado más, la verdad. "Espero con mucha ilusión que alguna de mis poesías puedan ser publicadas en su revista, ya que seria muy importante para mi" (sic), me decía. Sin ánimo de herir, pero sí queriendo dar una lección seguramente innecesaria y metiéndome donde no me llamaban, comencé mi respuesta así. La parte más sustancial, que contesta a eso que él decía, la he marcado aquí en negrita:


Hola, XXXX.
Muchas gracias. He leído tus poemas. He visto en ellos destellos que apuntan a que hay detrás un poeta, pero son en general inmaduros y poco trabajados y, sobre todo, contienen numerosos descuidos formales que no son aceptables en alguien como tú, estudiante universitario que aspira a ser publicado. Tienes que esforzarte en preparar tus escritos con total pulcritud: sin faltas de ortografía o negligencias en la puntuación. No te diría esto si viera que tus poemas no valen la pena, pero debes hacerte a la idea -y cuanto antes sea esto, mejor- de que la poesía es exigencia. Y tú eres el primero que ha de demandártela. Y permíteme que te diga algo que tienes que entender desde el principio: no es para ti para quien ha de ser importante publicar tus poemas; piensa que leerlos debería ser importante para otros. Es importante la diferencia.

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