miércoles, 25 de junio de 2014

Lecturas recientes de poesía (VI)



A Aitor Francos lo he leído por partida doble. De un lado, su reciente Un lugar en el que nunca he escrito (Renacimiento), una colección de sonetos (algo bien raro en alguien de su edad, que no llega a la treintena). Tal vez la elección de la forma venga propiciada por el hecho de que estamos ante un poeta bilbaíno, sobre el que es imposible que no gravite cierta sombra de Blas de Otero, que veo ya en el segundo cuarteto y el primer terceto del libro: "una ciudad inhóspita o un monstruo / metalúrgico. Han puesto en renta el viejo / solar, y llueve intermitentemente / en las notarías y los registros // civiles. Nada con lo que empezar, / aquí en Bilbao y casa de mis padres." En otra página aparece ya con su nombre el autor de Ángel fieramente humano, como hace Unamuno. Pero con citas de muy diversa procedencia y temas que en absoluto se ciñen al terruño los cincuenta y nueve sonetos presentan a un poeta al que habrá que prestar atención. Un poeta que ya acreditaba buen oficio en Igloo, con el que ganó el premio Surcos de Poesía (también editado por Renacimiento, pero en 2011). De entre los haikus agrupados bajo el título "Libro de los bonsáis", he marcado este: "Iceberg: / pirámide visible / de mis fantasmas."
     También son dos los libros publicados por Ediciones en Huida que han pasado por estas manos que teclean ahora. Uno es Música para el desvelo, del algecireño Ángel Mora, con algún verso que se me ha grabado ("Como sucios fetiches de sangrienta cerámica") o alguna imagen que, familiar (si no leída, experimentada), reverbera: "Por más que lo miramos, / al puzzle que vamos construyendo / le faltan cada vez más piezas." Hacia la mitad del volumen, "Caballo de Atila" habla de cómo el tiempo, de la mañana a la tarde, nos va quitando todo. Sus cinco últimos versos rezan: "Hasta en la noche sonmábula, un reloj implacable, / tic-tac a tic-tac, sigue sisando. / Cada día es un despojo, un desvalimiento, / caballo de Atila que donde pisa / no crece más la hierba."
     El segundo editado por el joven sello es Memoria extraíble, de Manuel González Mairena. Con alternancia de poemas de extensión regular con otros que son apenas pinceladas, en los que abundan las referencias al mundo de hoy, con la informática y las rondas de circunvalación, destacaría el dedicado a la poeta colombiana María Mercedes Carranza. La que fue directora de la Casa de Poesía Silva se suicidó ahora hará once años, víctima de la angustia provocada por el secuestro de su hermano Ramiro por parte de las FARC. "A ti la muerte no te llamó / con uniformes de armas y violencia", escribe el joven poeta onubense. 

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