jueves, 17 de julio de 2014

Monstruosidades y bellezas





Si las buenas reseñas son las que descubren libros de autores desconocidos, entonces esta será buenísima. Al menos, para el que la escribe. Porque en el catálogo de ignorancias que poseo había una ficha reservada a Josep Lluís Aguiló, poeta mallorquín que la ocupaba, cómo diría: anónimamente. Ahora puedo decir que me resulta extraño no haber sabido nada de él hasta hace unos días. Por ello, el gozo, el asombro han sido mayores. 
      Tenemos en Monstruos y otros la poesía reunida de Aguiló, muy bien traducida del catalán por su paisano y también poeta Francisco Díaz de Castro. Y llama la atención el cambio en el orden de publicación de los poemarios: aquí Monstruos, de 2005, precede a sendos libros del año anterior. El efecto es notable, porque Monstruos cuenta con algunos poemas turbadores de esos que captan la atención y la simpatía del lector y ya no la sueltan. Así, el poema pórtico "Abraham Cresques después de recibir el encargo del atlas catalán. Año 1374". "Minotauro" es un poema tan bueno que he se resignarme a no citar sus cinco últimos versos, porque sería como mostrar en el tráiler de una película su desenlace. Con todo, cabe resaltar el uso de la paradoja y la sorpresa. El Golem, el vampiro, el monstruo de Frankenstein son otros de los seres anómalos de los que se ocupa este libro primero, que incluye además un guiño u homenaje doble al Tennyson de "La carga de la Brigada Ligera".
      De su primer libro publicado destacaría el poema "Tarde en la biblioteca", con su fina ironía y sus ecos borgeanos: 

Estoy abriendo una edición de Blake,
que es el vehículo de Swedenborg,
un hombre que hablaba con ángeles.
Y que cantó al simétrico tigre y a tener
"el infinito en la palma de la mano".
Y me río:
-Vaya pobre hombre; hablar con ángeles...
Yo soy el afortunado que habla con libros.-


       La más reciente entrega, Lunario (2008), abunda en poemas brillantes, dejando un magnífico sabor de boca y una expectación justificada ante lo próximo que pueda dar a la imprenta este Josep Lluís Aguiló que me atrevo a decir que ya no será, ni para mí ni para ningun lector atento de poesía del resto de España, un desconocido. Quien lea el poema "Minerales" no podrá contradecirme.

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