viernes, 5 de septiembre de 2014

A Complaint Letter



¿Cuántas librerías habremos visitado en cinco días de estancia en Londres, recientemente? Muchísimas. 
     Estuvimos en Daunt Books, de Marylebone High Street, ya la primera tarde. No es la que cuenta con mejores fondos generales, pero tiene excelentes secciones de viajes en tres plantas que son una delicia para la vista. Aunque me interesa más la poesía que el personaje, a punto estuve de comprar allí una flamante biografía de Larkin solo por elegante factura del libro, la textura de la cartulina de sobrecubierta, la ilustración en la que aparece el poeta. También otra novedad de 2014 sobre el primer matrimonio de Borges, pero uno y otro libro, al hojearlos, me parecieron más pendientes de asuntos privados que de la obra de los protagonistas. Quedaron allí, en sus mesas de novedades.




De la cadena Waterstones, al final solo han sido tres, y a una de ellas me referiré al final. En Piccadilly estuvimos en las dos que hay allí a cien metros una de otra: la principal de la cadena y Hatchards, que mantiene su estética de siempre aunque se aprecian signos de modernización. Quizá por ser verano, los empleados no llevaban esta vez corbata. En cuanto a la chica que atendía a la entrada, el mostrador me impidió ver si usaba medias, que allí siempre se han cuidado las formas. Es una de las librerías más elegantes de Londres, si no la que más. Está bien asomarse a ella a buscar libros sobre la vieja Gran Bretaña después de haber asomado la nariz por Cordings, la vieja sastrería, y pensar que si nos sobraran unos cientos de librerías (perdón, libras) nos compraríamos una chaqueta de tweed. Del buque insignia de Waterstones recuerdo lo vacío que estaba después de cenar. Es innegable que está muy bien surtido, pero desde hace pocas fechas la gran librería de la capital inglesa vuelve a ser Foyles, ahora en el 107 de Charing Cross Road, a solo unos metros de donde todos la hemos conocido. Amplia, luminosa, nueva, se ha inaugurado como si el sector de libro no estuviera en crisis. Es una enorme librería de fondo, también con sala de actividades y café, que merece la pena conocer a pesar de las obras que continúan al final de la calle.
    De la sucursal de Waterstones de Hampstead guardo un buen recuerdo, por la presentación de England and Other Stories, el nuevo volumen de relatos de Graham Swift, que estuvo magnífico, y por las dos copas de buen tinto con la que la acompañé. Aunque habitualmente se pagan cinco libras por la entrada (algo impensable en España), da gusto asistir a un acto literario de calidad y distraer con Baco la espera. El problema es algo que achaco directamente a cosa tan perjudicial como la desaparición del precio fijo de los libros, en los años noventa. El caso es que los ejemplares del título presentado tenían todos una pegatina que anunciaba un descuetno de tres libras. Al pagarlo para que Swift lo firmara, el precio abonado fue 16.99, un monto razonable teniendo en cuenta que es un libro en cuadernado en pasta dura. Lo chusco es que ese es el precio del editor, como marca la primera solapa de la sobrecubierta. Es decir, que de descuento nada. Una publicidad engañosa o, como diría, un inglés, un auténtico rip-off. Lejos de quedarme chafado, me animé a hacer lo más inglés del mundo, una carta de queja, a complaint letter, que envié educada y diligentemente por correo electrónico ya desde casa. Aún estoy esperando respuesta. Creo que existiendo Daunt, o Foyles, o también Stanford (tan estupenda igualmente para los viajes), a Waterstones no la voy a frecuentar mucho en el futuro.