jueves, 11 de septiembre de 2014

Fecha de caducidad



Todo poema tiene en sí escritas dos fechas de caducidad. La primera, para el lector, ocupa todo el texto, cada verso, cada sílaba. El tono, la modernidad o la servidumbre a la tradición, el tratamiento, la forma, dirán hasta cuándo, suponiendo que sea consumible en un principio, podrá leerse sin perder sus virtudes. La otra fecha es invisible, como trazada con tinta simpática: el autor es el único que la ve, e invade sus ojos y su zozobra, ya al día siguiente de la composición. Pasadas unas horas, el poema ya es otra cosa: poco o nada comparado con lo que en el momento de la creación y su ebriedad euforizante prometía ser. Solo el poeta avezado sabe que esa promesa no es nunca engaño. Un embuste será, pero un embuste sin crédito.

3 comentarios:

Jesus Cotta Lobato dijo...

Me pregunto si las razones que nos llevan a considerar valioso hoy un poema tardarán mucho en cambiar. Espero que sí. Me cuesta imaginar que el gusto pueda cambiar tanto en el futuro, que los poemas que hoy nos parecen naturales por su sencillez, elegancia y emoción puedan ser considerados fatuos, vacíos, descarnados o qué sé yo. Un cordial saludo

anónimo dijo...

Hombre, Homero o Safo nos siguen pareciendo valiosos a día de hoy (para no hablar del Poema de Gilgamesh); la fecha de caducidad en estos casos parece verdaderamente interminable, tanto que, después de miles de años, ni se la atisba en el horizonte. Lo otro, lo de que un poema recién escrito no nos parezca lo mismo pasadas sólo unas horas, tiene que ver con que el momento de la creación y el de la lectura crítica son distintos. Pero ambos, imprescindibles para la escritura de buena poesía.

Antonio Rivero Taravillo dijo...

No os falta razón. Y los ejemplos que aduce "anónimo" son sin duda irreprochables, aunque, con numerosos otros, tal vez las excepciones que confirman la regla. Con todo, me acojo a los versos de Cernuda ("A un poeta futuro"):

Todo es cuestión de tiempo en esta vida,
Un tiempo cuyo ritmo no se acuerda,
Por largo y vasto, al otro pobre ritmo
De nuestro tiempo humano corto y débil.
Si el tiempo de los hombres y el tiempo de los dioses (...)