lunes, 8 de septiembre de 2014

Un olvido



Hacía aquí un repaso de las librerías de Londres que habían acogido la codicia de mis ojos hace unas fechas, y mencionaba media docena de ellas. Pero olvidé una, nada despreciable, en la que pasamos casi dos horas la misma tarde de nuestra llegada.
No soy persona de planificar los viajes, aunque últimamente he comprobado las ventajas de preparar una agenda: en las grandes ciudades, donde hay que optimizar el tiempo ante las enormes distancias y la múltiple oferta existente, conviene haber tanteado antes los calendarios de exposiciones y actividades, y ver cómo ensartar las cuentas en el hilo de la jornada, para que aquellas no sean perlas aisladas, sino sucesión de joyas, densidad de brillo.
Y había leído que en el café de la London Review Bookshop, en Bloomsbury y a literalmente dos pasos del Museo Británico, aquel martes había lo que llaman happy hour, consistente en esta ocasión en un menú especial que acompañaban de bebidas no gratis, free, esa ordinariez, sino complimentary, como invitación, por cortesía. Lo bueno, además, es que la librería permanecía abierta hora y media allende su horario habitual, y que además habría música en directo. No nos arrepentimos de haber recalado allí, un lugar que además queda tan cerca del que era nuestro hotel en High Holborn.
      No voy a hacer la reseña gastronómica, ni cantar las excelencias del cóctel de ginebra, tampoco trazaré un retrato costumbrista del viejo profesor con pajarita que en la mesa de al lado coloreaba el rostro con el vino, pero por limitarme a la librería rezagada, que no compareció en la entrada anterior, que es de lo que se trata, solo puedo decir que es una de las mejores de Londres, y que, en lo que más me interesa, la poesía, está surtida como la que más. La sección que le dedica está en el sótano (nada que ver con un espacio tétrico y húmedo, clandestino), y tiene a su vera una mesa amplia en la que, tengo entendido, se realizan periódicamente lecturas y tertulias. Cuenta además la librería con la guinda del pastel, una buena sección de revistas literarias. Salir con ejemplares del New Yorker, el Times Literary Supplement, la New York Review of Books, The Paris Review o la misma revista bajo cuya buena sombra se cobija la librería, es un placer difícilmente superable, mejorado aún, si cabe, por llevar todas esas lecturas en una bolsa de tela, obsequio del establecimiento y que solo tiene un defecto: la tira para echársela al hombro es demasiado larga para tipos normaluchos o bajitos como uno (por más que saliera levitando del café y la tienda).

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