domingo, 5 de octubre de 2014

Clásicos



Es fácil estar en desacuerdo con él cuando se trata de cuestiones políticas, aunque recientemente tuvo un rasgo de gran dignidad y autocrítica al tomar posición contra la ETA y lo que esta supuso. Pero, cuando se ocupa de literatura, sus páginas suelen ser brillantes y de una rara inteligencia. En El Cultural de esta semana, Rafael Narbona escribía lo siguiente en el tramo final de la reseña de una novela olvidable:

"Me atrevo a dar un consejo a los lectores. En las librerías, no dediquen mucho tiempo a las novedades. Los clásicos nunca defraudan. Hace mucho que las editoriales le abrieron la puerta a los best-seller. Son los nuevos bárbaros, pero con portadas plastificadas y profusión de colores. Hace unos días recorrí varias librerías de Alcalá de Henares y solo en una encontré una obra de Miguel de Unamuno, caso escondida en un estante lleno de títulos pueriles. Compré el libro y me senté en la plaza del Padre Lecanda, cerca de la fachada renacentista del Palacio arzobispal, pensando que la belleza es un gesto de resistencia contra la mediocridad triunfante."

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