domingo, 19 de octubre de 2014

Faro del bosque




Cuando se han escrito algunos haikus que, no por voluntad sino por carencia, terminan siendo vino peleón, los casi siempre prodigiosos de Susana Benet son un gran reserva guardado en barrica de roble, quizás procedente de este bosque que aparece en el título del primero de sus libros. 
     He tenido la oportunidad de leerlos ahora, justo ocho años después de su publicación. Ajenos a coyunturas, desapegados de lo transitorio pero atentos al instante, es decir, al siempre, hay entre ellos algunos de los más hermosos que yo haya podido leer, traducidos o en su lengua original, en cualquier idioma. Como el número de versos de cada uno de ellos, aquí tres muestras:

Cubierta de hojas, 
la calle se estremece
como un estanque.



Rojas cerezas.
Entre las ramas verdes
mi mano blanca.



Golpea el sol
la puerta de madera 
buscando sombra.



     Y, como coda, este cuarto, casi una soleá:



Qué pequeño es
ahora aquel cuarto grande
de mi niñez.


3 comentarios:

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

No se cumplieron
mis sueños, más tampoco
mis pesadillas.

(De Andrés Hurtado, colaborador de ZdeP)

zUmO dE pOeSíA (emilia, aitor y cía.) dijo...

Se nos coló un acento en "mas" (conjunción adversativa). Mil perdones al autor y a los lectores.

SUSANA BENET dijo...

Go raibh maith agat, Antonio!